A propósito de la lectura y análisis anatómico del libro La casa grande - Álvaro Cepeda Samudio, estos poemas de Héctor Rojas Erazo quien también abarcó la novela de la violencia y la memoria con Respirando el verano. Compartieron el interés por retratar la decadencia familiar, la sofocación del trópico y la presencia omnipresente de la memoria y la muerte en el espacio doméstico.
La camiseta
Le
pusieron la camiseta con la foto del muchacho.
Ella
camina con el hijo en el pecho,
como si
el pecho fuera un espejo al revés
donde el
muerto mira a la calle.
El aire
le mueve la tela
y parece
que el muchacho respirara,
que
anduviera otra vez entre la gente,
metido
en la piel de la que le dio la vida.
Nadie
sabe si ella lo lleva
para que
el mundo no lo olvide
o para
sentir, contra la carne,
el peso
de su propia sombra.
Nosotros
Nosotros
los de antes.
Los de
la luz en las paredes.
Los del
patio con pájaros y asfixia.
Los que
fuimos perdiendo la memoria
al pie
de las cenizas.
Nosotros
que tuvimos la casa
llena de
muertos vivos y de vivos lejanos.
Nosotros
los de entonces,
los del
polvo en las manos.
Tránsito
Un día me iré del todo.
No quedará de mí ni esta palabra.
Un poco de polvo en el viento
y el largo silencio que deja
la luz cuando se apaga.
*Héctor Rojas Herazo (Tolú, 1921 – Bogotá, 2002)
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