En
un vídeo grabado durante el terremoto, El cóndor se veía como si estuviera
batiendo sus alas. A lo mejor quería remontarse a los aires del Ande, evadiendo
responsabilidades. Sin querer saber nada de lo que dejaba atrás.
El
monumento y su base no sufrieron con el movimiento telúrico. Ahí está la
maestría de don Rodrigo Arenas Betancourt.
Un
hombre pequeño y menudo, pero con una capacidad creadora gigantesca.
El
escultor trabajaba su Bolívar Cóndor cuando fue secuestrado por delincuencia
común, después de arduas negociaciones lo dejaron en libertad. Al regresar a su
taller el molde estaba deteriorado y debió replantear la escultura.
En
la iconografía del libertador es el único Simón Bolívar barbado. ¿Con qué ánimo
se afeita un secuestrado?
Además,
es tuerto, el maestro Arenas le arrancó el ojo como expresión de su dolor por
el amargo episodio vivido.
Estos
detalles se pueden observar desde el costado occidental de la plaza
John Hoyos
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