Las gratitudes de Delphine de Vigan
Reseña crítica colectiva
Documento consolidado a partir de los trabajos de los grupos como práctica del Taller "Junta literaria – Leer para escribir"
Uno piensa que tendrá tiempo de decir las cosas, y cuando se quiere dar cuenta ya es demasiado tarde.
¿Os habéis preguntado alguna vez cuántas veces en la vida habéis dado realmente las gracias? Unas gracias sinceras. la expresión de vuestra gratitud, de vuestro agradecimiento, de vuestra deuda?
1. Sobre la autora
Delphine de Vigan (Boulogne-Billancourt, 1966) es una
de las voces más destacadas y penetrantes de la narrativa francesa
contemporánea. Maestra en la exploración de las zonas grises del dolor humano,
los vínculos afectivos y la memoria, la autora pertenece a una estirpe de
narradores que trabajan desde la honestidad brutal, la autoficción y la
literatura del yo.
Su trayectoria está marcada por el reverso de la trama
y la indagación de sus propias vivencias: desde el abordaje de la anorexia en
su debut Días sin hambre (publicado bajo seudónimo), pasando por la
exclusión social en No y yo (2007), la radiografía del acoso laboral en Las
horas subterráneas (2009), hasta su consagración internacional con Nada
se opone a la noche (2011), una descarnada investigación sobre la
bipolaridad y el suicidio de su madre. Tras explorar la manipulación en Basada
en hechos reales (2015) y la hiperexposición infantil en redes sociales en Los
reyes de la casa (2021), De Vigan consolida en Las gratitudes (2019)
su estilo característico: una prosa limpia, quirúrgica y despojada de adornos,
capaz de anatomizar las patologías sociales e individuales con la precisión de
un bisturí.
2. Sobre la obra
Las gratitudes es
una novela corta (novella) de apenas diez capítulos que se sitúa en un
cruce de caminos formal muy característico de la literatura de la intimidad y
los afectos.
- El título como
paratexto: El título
funciona en plural como una categoría ética y un imperativo existencial.
No habla de un agradecimiento abstracto, sino de la acumulación de gestos,
deudas morales y actos de amor concretos que sostienen la vida humana.
- Contexto y
motivación: La obra nace de
una urgencia existencial: la necesidad de reconocer a quienes nos salvaron
o transformaron la vida antes de que el tiempo y la muerte cancelen las
palabras.
- Coordenada
geopolítica y epocal: Se despliega
en el cambio de siglo, marcado por la globalización, la digitalización
agresiva, la precarización del bienestar europeo y la fragmentación de los
relatos colectivos.
- El espacio y sus
geografías: La historia se
mueve entre el plano general de un París urbano, hostil e indiferente, y
el microcosmos del centro de acogida o geriátrico. La habitación de la
protagonista deja de ser un lugar de mero confinamiento para convertirse
en un confesionario, un refugio y el último reducto de resistencia de la
memoria. Paralelamente, se reconstruye un mapa invisible: la Francia
ocupada de los años cuarenta durante la Segunda Guerra Mundial y el
régimen de Vichy, donde la infancia de la protagonista quedó marcada por
el trauma del Holocausto.
- Sintonía con
contemporáneos: La obra dialoga
estéticamente con el faro de Annie Ernaux (la memoria íntima como hecho
político), Emmanuel Carrère (la disolución de fronteras entre documento y
ficción), Virginie Despentes (la decadencia de los lazos sociales) y
Maylis de Kerangal (la precisión técnica del lenguaje médico al servicio
del drama humano).
3. Resumen de la obra
La novela narra los últimos meses de vida de Michka
Seld, una anciana culta que fue correctora de textos profesional y que ahora
enfrenta un deterioro irreversible por la afasia. Al perder progresivamente la
autonomía, busca refugio en un centro de acogida donde experimenta insomnio,
delirios y el aislamiento de la vejez.
Sin embargo, a Michka la sostiene una misión urgente:
encontrar a Nicole y Henri, la pareja que la acogió y la salvó de la
persecución nazi entre 1942 y 1945 cuando era una niña judía, para expresarles
un agradecimiento que ha postergado durante más de setenta años. A través de la
mediación de Marie —su joven vecina a quien Michka protegió en su infancia— y
de Jérôme —el logopeda del geriátrico—, se teje una red de acompañamiento
basada en el respeto irrestricto hacia la dignidad del otro. La obra es
un mosaico sobre la fragilidad del tiempo, el derecho a la soberanía personal y
la reconciliación con el pasado antes del silencio definitivo.
4. El cómo (las técnicas narrativas)
El engranaje técnico de Las gratitudes radica
en la sobriedad y en la brillante deconstrucción del lenguaje. De Vigan huye
del melodrama y del sentimentalismo barato mediante una serie de variables
quirúrgicas:
- El uso del
narratario como contrato moral:
El libro abre con un apóstrofe directo al lector ("¿Os habéis
preguntado alguna vez cuántas veces en la vida habéis dado realmente las
gracias?"). Esta interpelación inicial construye un narratario
activo, despojando al texto de una lectura meramente pasiva y
estableciendo desde la primera página un encuadre ético sobre la gratitud
y la deuda moral que orienta el resto del relato.
- Estructura
polifónica y juego de narradores:
La obra se levanta sobre una estructura de voces alternas y focos de atención diversos.
Marie narra desde la experiencia íntima, el afecto y la culpa de no haber
agradecido lo suficiente, enlazando su relato con su propio proceso de
maternidad; Jérôme narra en primera persona desde su papel profesional de
logopeda, aportando una mirada terapéutica sobre la afasia y sus propios
conflictos de perdón familiar.
- De forma muy breve
e intermitente, irrumpe un narrador heterodiegético/omnisciente a modo de
"puente" para rescatar la mente de Michka en sus momentos de
soledad nocturna, revelando los miedos y el terror a ser expulsada que ya
no puede expresar.
- La deconstrucción
del lenguaje, poética del error y afasia vs. dislexia: La gran audacia estilística de la novela es
mimetizar el deterioro lingüístico en la sintaxis. De Vigan altera la
gramática, inventa neologismos fonéticos y recurre a las parafasias
(sustitución de palabras por otras de sonido o grafía similar). Es
importante señalar una distinción técnica: mientras la afasia
clínica implica la pérdida o incomprensión severa del lenguaje, la autora
recrea el tropiezo de Michka con una lógica más cercana a la dislexia
(confundir "pesadillas" con "peladillas"
o "posible" con "fosible"). De Vigan no
busca un diagnóstico médico riguroso, sino convertir la confusión fonética
en un recurso poético: un lenguaje que trastabilla pero que conserva
intactos el sentido, el humor y la dignidad de la protagonista, obligando
al lector a asumir el rol de un logopeda activo.
- El tiempo en dos
velocidades (finitud e historia):
La temporalidad opera en dos planos: el tiempo presente (la cuenta
atrás marcando la pérdida acelerada de palabras en el geriátrico) y el tiempo
histórico (el trauma de la infancia en la Francia ocupada). El ritmo
arranca de forma pausada y repetitiva, pero sufre una marcada aceleración
en los capítulos 8 y 9 para resolver la búsqueda de la pareja salvadora
antes del desenlace.
- Personajes
redondos, libertad y el final abierto: Michka es un personaje magnético que defiende su autonomía a toda
costa. El texto deja entrever un final abierto cargado de significación
ética: tras negarse a tomar somníferos para "sentirse
libre", Michka parece acumular clandestinamente las pastillas que le
suministran en la residencia. Esta sutil elipsis sugiere la posibilidad de
un acto deliberado de eutanasia pasiva o autodeterminación, donde la
protagonista utiliza sus últimas fuerzas para decidir sobre su propio
final, ejerciendo su derecho a morir con dignidad antes de que el
deterioro le arrebate la última traza de humanidad.
- El tejido
simbólico y el respeto como valor matriz:
- El respeto: Es el valor central que atraviesa toda la obra.
Se manifiesta en la forma en que Marie y Jérôme se aproximan al cuerpo y
a la mente deteriorada de Michka, no desde la piedad condescendiente,
sino desde la validación de su historia y su soberanía.
- Las palabras: Símbolo de la identidad, la memoria y el único
puente con los demás.
- La afasia y el
silencio: Representan la
proximidad de la muerte, lo no dicho, los remordimientos y la
imposibilidad de expresar lo esencial.
- La libreta de
notas: Herramienta
física de resistencia para fijar el vocabulario vacilante.
- La botella de
whisky y las pastillas acumuladas:
Símbolos de autonomía, insubordinación y soberanía sobre la propia vida y
la propia muerte.
- Los avisos en la
prensa (Le Monde): El
periódico como espacio de memoria colectiva y vehículo de gratitud
pública.
- Intertextualidad: Menciones explícitas al Holocausto y a la
ocupación nazi, la alusión cinematográfica a La lamentabilidad de las
cosas y la referencia al ícono de Grace Kelly.
5. A qué lectores va dirigida la obra y puente hacia
la creación literaria
¿A qué lectores va dirigida?
- A lectores jóvenes
y adultos atraídos por la literatura intimista, psicológica y social que
busca diseccionar la condición humana.
- A escritores o aspirantes a escritores que se interesen por las técnicas narrativas modernas.
- A personas
dispuestas anímica y espiritualmente a reflexionar sobre el
envejecimiento, el respeto, la memoria y el paso del tiempo sin
edulcorantes.
- A profesionales y
estudiantes de áreas como logopedia, psicología, geriatría, medicina,
trabajo social y pedagogía, por su representación sensible de la afasia y
del cuidado ético.
- A cualquier ciudadano de la sociedad contemporánea que busque entender el peligro de perder los principios de la lealtad, el respeto y el agradecimiento.
Puente hacia la creación literaria (Aprendizajes para
la escritura propia):
- El uso del
narratario: Comprender cómo
una pregunta directa al inicio del texto puede transformar la postura
ética del lector frente a la historia.
- El poder de la
economía del lenguaje: Demuestra
que no se requiere una prosa barroca o recargada para alcanzar una inmensa
densidad emocional. Frases cortas y diálogos sobrios pueden ser más
devastadores que grandes explicaciones.
- La elipsis y el
final abierto: Aprender a
sugerir acontecimientos cruciales (como la acumulación de pastillas para
un desenlace autónomo) sin necesidad de explicitar el morbo o el
melodrama.
- Objetos cotidianos como detonadores simbólicos: Comprender cómo un bastón, un aviso clasificado, una libreta o una botella pueden cargarse de valor político y afectivo.
- Atreverse a romper las normas de la ortodoxia en el narrador y el punto de vista, mezclar tiempos y espacios y usar frases bisagra o puentes de transición que soporten los cambios. Sin estos el texto sería un salto al vacío sin red, un verdadero error de coherencia y costura narrativa.
6. Conclusiones
Las gratitudes
encierra una profunda lección existencial y una metáfora inquietante sobre
nuestro tiempo. En una sociedad hiperconectada y dominada por la brevedad de
las redes sociales, corremos el riesgo de caer en una afasia colectiva y
voluntaria: la pobreza de un vocabulario uniforme y funcional que nos priva
de expresar la complejidad de los afectos.
Asimismo, la novela coloca el respeto por el adulto
mayor en el centro de la discusión ética, desmontando la falsa creencia de
que el dolor y la fragilidad son asuntos lejanos. Por el contrario, expone la
vulnerabilidad como una condición inherente a todas las etapas de la vida y
defiende la autonomía radical de la persona —incluso en la decisión sobre su
propia muerte— como el último baluarte de dignidad. De Vigan convierte el
agradecimiento en un imperativo ético y en la última línea de defensa de
nuestra humanidad, recordándonos que dar las gracias a tiempo no es un
convencionalismo social, sino el único acto capaz de dar sentido y cierre a
nuestra existencia antes de que caiga el silencio definitivo.
7. Muro de comentarios (Ecos del taller)
- “Me pongo a pensar
en los últimos meses, en las últimas horas. En las conversaciones que
tuvimos, en las sonrisas, en los silencios. Me vienen a la memoria los
momentos compartidos. Otros los he olvidado. E invento los que me perdí”.
- “Debería estar
prohibido envejecer”.
- “Sin el lenguaje,
¿qué nos queda?”.
- “No consumo
somníferos porque me quiero sentir libre para saber que es posible irse
antes de que sea demasiado tarde”.
- “Tengo la
sensación de estar perdiendo algo todo el rato, pero no sé qué es… y me da
miedo. Me gustaría decir más, pero… estoy incapaz, ¿sabes lo que te quiero
decir?”.
- “—¿No estarías
buscando las palabras debajo de la cama, Michka? —Sí, es fosible”.
- “Lo que me sigue
sorprendiendo, lo que me alucina… es la perdurabilidad de las penas
infantiles. La huella ardiente, incandescente, que dejan a pesar de los
años”.
- “—Trabajaremos
juntos para que se arregle, Michka, siempre que estés dispuesta. —Ya,
pero… ¿la verdad sea dicha? Podemos ralentizarlo, pero no podemos
detenerlo”.
- “¿Decirle el qué?
Todo. Todo lo que luego te amortaja… lo que te atormenta cuando la gente
desaparece. No hay que guardarse las cosas dentro. Provocan peladillas…
pesadillas, ya me entiendes”.
- “Envejecer es
aprender a perder”.
- “Los
remordimientos son muy malos. Aquí, esperar es una ocupación en toda la
regla”.
- “Comprendí que las
preguntas engendraban dolor, y que no iba a encontrar ninguna respuesta.
Así que acepté del todo el silencio”.
- “El hilo de la comunicación se ha roto. El silencio le ha ganado la partida, y ya nada la retiene”.
Gratitud
a los participantes en este trabajo:
Gloria
Patricia Giraldo, Claudia Escobar, Rosa Elena Grueso, Hugo Alfredo García, Maria
del Pilar Rivera, Mariana Hincapié, Yolanda Zamora, Beatriz Elena Santander, María
Helena García, Yeny Tatiana Guerrero, Michel Stephany Ocampo, Martha Cecilia
Aguirre, Carolina Mayorga, Paula Clemencia Rodríguez, Jhon Jairo Loaiza, Nancy
Castaño, Amparo, Ambrosio Correa, Luz Mery Zuluaga, Blanca Liliana Morales, William
Giraldo, William Giraldo, Karen Viviana Araújo y Martha Lucía Montoya.