miércoles, 29 de abril de 2026

4. La narración biográfica y autobiográfica en la historia de la literatura. Tema 4 de "El Yo en la escritura"

 Escritura creativa en cápsulas

CAPÍTULO II: El Yo en la escritura

 Tema 4

La narración biográfica y autobiográfica en la historia de la literatura

 

Introducción

 

La narración biográfica y autobiográfica ha ocupado un lugar esencial en la historia de la literatura. Su desarrollo, especialmente a partir del siglo XVIII, responde a transformaciones sociales, filosóficas y literarias que impulsaron el protagonismo del yo como centro de la creación. Este tema analiza su evolución, sus rupturas con el pasado y las claves para su práctica actual.

CÁPSULAS

 

1.   Historia de la biografía y la autobiografía en los géneros  

            literarios

 

Ningún concepto es intemporal, nada es independiente de sus precedentes, su origen y su desarrollo histórico. La literatura confesional y biográfica tienen raíz en la confesión cristiana y el desarrollo definitivo en los discursos del pensamiento modernos: Montaigne, Descartes, Pascal y san Agustín. En la literatura precedente, la de la antigüedad, ya tenemos biografías.

 

Platón

Origen de la reflexión acerca de los géneros literarios. En La República está esbozada la clasificación: -lírica, épica, dramática-, que se corresponde con el procedimiento enunciativo empleado por el escritor, a quien Platón llamaba poeta. Lo que el filósofo ateniense se pregunta es, en resumidas cuentas, «quién habla» o «quién narra». Y encuentra varias posibilidades:

Si es el poeta mismo el que habla (sería el caso del ditirambo, la lírica

Si son los personajes los que toman directamente la palabra (caso de la tragedia y la comedia).

En medio de esos dos polos, quedaría un espacio de intermediación, un género mixto (la épica), donde en ocasiones el poeta da voz a los personajes.

Después de haber esbozado un sistema de los géneros, a Platón es la formación cultural y moral de la república ideal lo que le interesa. Para él no hay espacio más que para la lírica, y aun así sólo para aquella que no imita imitaciones, solo acepta la expresión del poeta mismo en primera persona. tanto la autobiografía como la biografía son enunciadas por un yo origen, a lo cual se uniría el poema. Algo muy semejante a lo que hoy consideraríamos «non fiction writing»

 

Aristóteles, por su parte, toma prestado el modelo platónico, pero lo va a vehicular según un principio bien distinto: el de la mimesis, o imitación. No se refiere a la imitación a secas, sino a la imitación de la acción. Lo que de verdad es trascendental para su taxonomía son los modos de la imitación:

Ø Modo narrativo (épica), cuando es el poeta el que imita (la acción) por sí mismo o dando entrada a la voz de los personajes. La poesía no es contemplada siquiera.

Ø Modo dramático (tragedia y comedia), cuando son los personajes los que imitan (la acción), sin intervención del poeta. La forma más perfecta de la literatura y en torno al que gira todo el sistema aristotélico es la tragedia.  Para Aristóteles, la noción de Literatura o Poesía corresponde exclusivamente al arte de presentar y dar forma a hombres que actúan, y en ningún caso a enunciados caracterizados por su métrica.

Así que nos encontramos con una realidad sorprendente: el filósofo que ha dado vuelo a toda la teoría de los géneros en la literatura occidental deja fuera de su definición la totalidad de nuestra materia de estudio, la literatura del yo. Si no hay alguien haciendo algo (una trama, un conflicto, un movimiento), para él no es "poesía" (literatura). Para Aristóteles la literatura es un espectáculo de otros, no un espejo de uno mismo.

 

En la Institución oratoria de Quintiliano (c. 95 d. C.) se aproxima la historia a la poesía, al considerarla como un poema libre de los patrones métricos y se comprende tanto la poesía como la prosa. Dentro de esta última, tanto la «literaria» como la «no literaria. Se avanza, pues, hacia un sistema cuaternario en donde la didáctica da cabida a la historiografía. Sustrato necesario para una modalidad de prolija difusión en la Edad Media: las hagiografías, vidas de santos y de místicos y hasta la biografía de Jesucristo.

 

Käte Hamburger

En La lógica de la literatura (1998), Hamburger dará la vuelta al sistema de los géneros. Serán dos únicos géneros literarios:

-En primer lugar, el género del yo, donde se encuentran todas las modalidades confesionales, así como los discursos que tienen origen en ese yo. Son modalidades no ficcionales. Quedarían de este lado la poesía, la autobiografía y las novelas del yo, el diario y las cartas, pero también los textos literarios periodísticos y didácticos.

-En segundo lugar, quedaría un género donde se almacena todo lo que no tiene cabida en el primero, un género caracterizado por su carácter ficticio: Novela y teatro.

A través de largos siglos, la vieja estructura de los géneros es agitada y derrumbada por la revolución del Yo. Llegamos así a esa ley pragmática y empleada dentro de los ámbitos de la creación y la academia, por la cual, hoy se dividen textos y autores según la etiqueta de:

Ø Ficción.

Ø No ficción.

Las preguntas obligadas son ¿cuándo, ¿cómo y por qué nació ese yo tan revolucionario?

 

La siguiente gráfica muestra los géneros literarios aristotélicos 

Fuente: García Berrio y Huerta Calvo, 2020, p. 104.

 

2. Nacimiento (y muerte) del yo

 

San Agustín propuso un yo en diálogo con Dios, pero la interioridad moderna surge cuando el sujeto se separa de la naturaleza y la objetiva para investigarla. Es un yo que recibe su poca solidez de dirigirse a un tú, de su hambre de Dios, que lo hace aparecer como reflejo y como duda.  Hay sujeto si se es sujeto de una acción.

Montaigne encarna un yo abierto y vulnerable (Ensayos de Montaigne); se encontrará a medio camino entre el mundo antiguo y el moderno. Lector de la literatura estoica y escéptica de la antigüedad, experimenta su yo en todo momento como un mosaico de instantes y de partes autónomas. Su intimidad no es fija, sino vulnerable tanto a los estados de ánimo como a las experiencias externas; es la criatura que arrostra serena su enfermedad y su mortalidad.  En sus Ensayos bien podría rastrearse una autobiografía sumergida que, sin embargo, no tendría desarrollo lineal, pero sí unidad. Michelle de Montaigne sabe que hay algo que se mantiene como un hilo a través de todos los instantes, desde el pasado hasta el presente, del mismo modo que los órganos son autónomos y distintos, pero responden a un mismo cuerpo.

Descartes, distinto de ese yo «abierto» de Montaigne, es un yo disciplinado que busca certezas. Fundador de la filosofía moderna con su célebre «Pienso, luego existo» convertirá su identidad en una aventura programática.  El encierro de Descartes en una celda calurosa alemana se fabrica su cuartel de invierno, aislamiento que le devolvía un equilibrado sentimiento de pertenencia a la naturaleza. Con una disciplina casi marcial, un escepticismo que se transforma en la duda que funda el Discurso del método.

Pascal introduce el ennui, la angustia del vacío: el descubrimiento de la angustia que disuelve al yo pierde todo interés por el mundo y los congéneres. (Yo: ennui= aburrimiento. (del francés, usado por filósosfos). Cualquier actividad humana es un puro entretenimiento de lo que no queremos afrontar: nuestro vacío, el tedio vital. El ser humano al encontrarse con ese ennui sufre la peor tortura y por eso inventa todo tipo de juegos y trabajos, sin dar con el único remedio de ese vacío: orientarse a Dios. Y lo ridiculiza, al considerar que una mosca le basta para distraerlo. Así inaugura Pascal una corriente antimoderna que en realidad es ineludible a la modernidad: la nostalgia de una pertenencia plena.

La rebelión de Pascal contra el yo es sólo la primera muestra de toda una corriente de pensamiento que, aun empleando los mismos procedimientos ontológicos y enunciativos del pensamiento moderno, se levanta contra un mundo en perpetuo cambio y transformación.

 

3. El siglo XVIII y el boom de lo biográfico

 

En el seno del movimiento reformista y luterano, Philipp Jacob Spener funda el pietismo, un movimiento que promulga una «interioridad de la experiencia religiosa. El pietismo recoge valores como la aspiración a la perfección y el énfasis en el amor. El centro de su doctrina es el renacer, la nueva creación de la criatura, el nuevo hombre, el hombre del corazón». todo este proceso juega en el desarrollo de la literatura del yo y de la subjetividad. Los discursos confesionales tienen su origen aquí. La tinta y el papel se convirtieron en el confesor de la nueva religión, una religión que primero no necesitó de intermediarios y después llegó a prescindir de Dios mismo. Aunque ello no ocurriera, claro está, sin cierta dosis de angustia.

La Rochefoucauld, maestro de la contrariedad y representante de la nobleza, sigue ahondando la herida y desvela el egoísmo tras las virtudes. El yo moderno es diverso: puede ser afirmativo, crítico o nostálgico, y se convierte en un espacio de confrontación cultural. Nos suena al psicoanálisis de Sigmund Freud, pero que ya se encuentra enunciado en La Rochefoucauld. Detrás del altruismo se esconde el interés propio, no hay virtud que no provenga de un vicio, el amor propio es la expresión compartida del egoísmo.

 Las Máximas de La Rochefoucauld son una de las obras maestras de la escritura sapiencial; su melancolía, su agudo pesimismo son el último testigo de los escépticos clásicos. La Rochefoucauld anticipa la contrariedad de un Baudelaire, su spleen satánico y sus Flores del mal.

Para resumir, diremos que el sistema de géneros aristotélicos sobrevivió, con adaptaciones medievales y renacentistas, hasta el Romanticismo. La tragedia siguió siendo prestigiosa, pero el auge de la novela —con un nuevo interés por el crecimiento espiritual del personaje (Bildungsroman) y la intimidad del diario y la confesión— quebró el viejo sistema. Käte Hamburger propuso dividir la literatura entre ‘género del yo’ (autobiografía, poesía, diarios) y ‘género ficticio’ (novela, teatro). Hoy esta distinción se traduce en la división entre ficción y no ficción.

La Reforma y el Pietismo alentaron una escritura confesional íntima, origen de diarios y autobiografías modernas. En este contexto, Rousseau inaugura la autobiografía moderna con sus Confesiones, donde conviven el yo afirmativo y el yo temeroso. Su proyecto: transformar el apartamiento en virtud y reconciliarse consigo mismo a través de la escritura. El Romanticismo llevará esta literatura a su apogeo.

 

El "Hombre Nuevo" y el Pietismo 

La subjetividad moderna no nace de una ruptura total con lo religioso, sino de una transformación de sus formas. En el siglo XVIII, el pietismo (impulsado por Spener) desplaza el foco hacia la "interioridad de la experiencia". Al buscar un "nuevo hombre del corazón", la tinta y el papel se convierten en el nuevo confesor. Sin esta práctica de anotación constante de la vida interior, el diario íntimo tal como lo conocemos no existiría; la escritura pasó de ser un registro de pecados ante Dios a una herramienta de autoexploración, incluso cuando la figura divina empezó a desdibujarse.

Jean-Jacques Rousseau: La cohabitación de los yoes Con Rousseau nace la autobiografía moderna bajo una premisa de distinción radical: "Si no soy mejor, al menos soy distinto". Sus Confesiones no son solo un relato de vida, sino una defensa ante el juicio de los demás (especialmente tras los ataques de Voltaire). En su obra conviven de forma "esquizoide" dos herencias:

  • El yo afirmativo de Descartes: En la potencia de su enunciación y autoafirmación.
  • El yo-miedo de Pascal: En la angustia de la soledad y el vacío.

Rousseau intenta resolver esta tensión mediante una "autorreforma", buscando recuperar al hombre natural a través del pensamiento y el aislamiento. Su escritura es agónica: descubre que la identidad es un conflicto inagotable y que el "verdadero yo" siempre se escapa mientras se intenta atrapar en el papel.

 

4. Consideraciones y consejos prácticos para la escritura   del yo

Escribir sobre uno mismo no es un acto de reflejo pasivo frente a un espejo; es una construcción activa. El espejo tiene intención, luces y sombras. Para tu práctica narrativa, considera lo siguiente:

  • Identifica la intención subyacente: Así como Rousseau escribió por una necesidad de perdón y justificación, pregúntate: ¿Qué necesidad te mueve a escribir? ¿Por qué recuerdas ciertos hitos y olvidas otros? Desenterrar la historia que ya está escrita en tus acciones es el primer paso para despojarla de lo superfluo.
  • La variable del contexto y el tiempo: El "yo" que escribe no es el mismo a diferentes horas. Las memorias se densifican por la noche y se aclaran con la luz del día. Experimenta escribiendo en distintos estados y horarios para descubrir con qué versión de ti te identificas más.
  • El desplazamiento como herramienta: El viaje o el retiro (al estilo de Montaigne o Rousseau) permiten zonas de autodescubrimiento. Al alejarte de tu cotidianidad, puedes acercarte a tu vida con una mirada externa, casi como si leyeras a un personaje.
  • Escuchar el subconsciente: Da voz a tus sueños y miedos. Como en el pasaje de América de Kafka, el infinito no está solo en las estrellas, sino en la inquietud humana que se enciende en la oscuridad de la propia conciencia.

 

Reflexión final: La verdad de la autobiografía no está en la precisión del dato, sino en la búsqueda de una mirada irrepetible que logre atravesar el funcionamiento social para encontrar lo genuino.

 

Referencias clave

Bürger, P. y Bürger, Ch. (2001). La desaparición del sujeto: Una historia de la subjetividad de Montaigne a Blanchot. Akal.

García Berrio, A. y Huerta Calvo, J. (2020). Los géneros literarios: Sistema e historia. Cátedra.

Hamburger, K. (1998). La lógica de la literatura. Antonio Machado Libros.

Jauss, H. R. (1995). Las transformaciones de lo moderno: Estudios sobre las etapas de la modernidad estética. Visor – La Balsa de la Medusa.

La Rochefoucauld, F. de. (2012). Máximas. Akal.

Monner Sans, J. M. (1921). La historia considerada como género literario. Revista de Humanidades La Plata, 276.

Montaigne, M. de. (2007). Los ensayos. Acantilado.

Pascal, B. (2018). Pensamientos. Tecnos.

Platón. (1999). La República. Alianza.

Rousseau, J. J. (2020). Confesiones. Editorial Verbum. Salme

 

 

 

 Nota:

Este contenido se basa en materiales de la Maestría en Escritura Creativa de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), adaptado por la autora del blog para fines pedagógicos y divulgativos.

 

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