Escritura
creativa en cápsulas: El Yo en la escritura
Tema 3. Memoria,
identidad y pasado.
Introducción
La memoria y la identidad son ejes centrales de la
narrativa contemporánea, especialmente en las obras que revisitan el pasado
desde la perspectiva del yo. No se trata solo de contar lo que ocurrió, sino de
interpretar, reconstruir y, en muchos casos, reinventar la experiencia personal
o colectiva. Esta reelaboración implica un diálogo entre lo vivido y lo
imaginado, lo recordado y lo olvidado. Como Rilke le sugirió al joven Balthus
ante la pérdida de su gato: la desaparición física de lo amado da paso a una "adquisición
interior" más intensa, donde el recuerdo se convierte en un albergue
eterno.
CÁPSULAS
1.
Memoria e identidad
La memoria no es un archivo neutro, sino un proceso activo
de selección y narración.
- La
metáfora de la cera: Ya desde el Teeteto de
Platón, se compara la memoria con una tablilla de cera donde grabamos
percepciones como el sello de un anillo. Sin embargo, esta cera varía:
puede ser pura, impura, dura o blanda, lo que determina por qué algunos
recuerdos permanecen y otros se borran.
- Identidad
y Anamnesis: La identidad se construye en esa tensión.
Para Platón, recordar es anamnesis (reaprender lo olvidado),
mientras que para Aristóteles es una búsqueda activa basada en la
distinción entre el antes y el después. No somos solo lo que vivimos, sino
la coherencia narrativa y emocional que le damos a esas
"huellas" que el pasado tatuó en nuestro espíritu.
- El
Yo como conciencia: Con San Agustín, la memoria se
vincula definitivamente a la conciencia individual. "Al acordarse de
algo, uno se acuerda de sí mismo". Escribir sobre el pasado es, en
esencia, traernos a nosotros mismos al presente.
2.
Reelaboración del pasado
El acto de reescribir el pasado no es un mero ejercicio de
nostalgia: es una herramienta para comprender el presente y proyectar el
futuro.
- Memoria-Hábito
vs. Memoria-Espíritu: Según Henri Bergson, existe una
memoria del cuerpo (automática, como caminar) y una memoria del
espíritu (el recuerdo único y singular). Esta última es la que nutre
la creación literaria. Para acceder a ella, el escritor debe suspender lo
útil y cotidiano, permitiendo que el pasado se refracte y se llene de
nuevos sentidos.
- El
presente como flujo: Siguiendo a Husserl, el presente no
es un punto estático, sino un "punto-fuente" que irradia hacia
atrás (retención) y hacia adelante (protensión). La escritura creativa
aprovecha esta "imperfección del presente" para buscar en
la memoria no solo lo que fue, sino la creación de una novedad, tal como
la magdalena de Proust que despliega todo un mundo (Combray) a partir de
una sensación.
- La
Metafísica del Objeto: Los objetos (como los zapatos de Van
Gogh o una vieja lengua) funcionan como portales. El escritor no narra
abstracciones ("estoy triste"), sino que utiliza la imagen y
el objeto tangible para concretar el tiempo y la conciencia.
3.
Memoria individual y colectiva
La memoria personal se entrelaza con la memoria social. La
historia de una vida se inscribe en el marco más amplio de los acontecimientos
históricos y los relatos comunitarios.
- Marcos
sociales: Como señala Elizabeth Jelin, la memoria
individual necesita códigos culturales compartidos para tener sentido. El
olvido a menudo ocurre cuando se pierde el soporte social que daba cabida
al recuerdo.
- El
arte como testimonio de lo indecible: En casos de
traumas colectivos (como el Holocausto), donde la cadena de la memoria se
rompe, solo el artista puede reconstruir el silencio. El caso de Hurbinek,
el niño en Auschwitz que murió balbuceando palabras sin sentido, nos
recuerda que una memoria sin un nivel colectivo que la cobije es un
"fósil incomprensible".
- Memoria
vs. Progreso: En la modernidad, la memoria suele verse
como un camino de superación (posición progresista) o como un refugio de
identidad (posición tradicionalista). El escritor debe interrogar si su
relato busca la "sanación" terapéutica o simplemente testimoniar
la falibilidad y vulnerabilidad de la naturaleza humana.
Ejercicio 1. de la "técnica del candil":
Reconstruir el camino al colegio o escuela primaria, no como un dato, sino como
una experiencia sensorial (olores de las casas, colores de las tiendas),
aplicando así la "memoria del espíritu" de Bergson.
Ejercicio 2. Una disciplina del recuerdo
Lo hemos aprendido con Bergson, pero también con Aristóteles:
hablamos de recuerdo y de recordar, pero el fenómeno es más complejo de lo que
aparenta o, cuando menos, tiene varios niveles. Hay una parte del recuerdo que
sencillamente nos asalta y sobre la que no tenemos control. El poeta Lorenzo
García Vega se lamentaba con humor negro del agujero negro del olvido que todo
lo tragaba. Su actitud frente a ello no fue precisamente pasiva. Pese a la
particular ironía y disparate, su disciplina fue extrema: anotaciones diarias
en la «libretica» de sueños, memorias literarias del grupo Orígenes y de
su niñez y juventud, novelas y poemas.
Por alguna secreta ciencia aún no determinada, muchos de nuestros
recuerdos están como dormidos, pero no perdidos. Llamémosla técnica del candil:
ve preguntándote, ¿a qué hora me levantaba cuando era niño/a?, ¿qué
desayunaba?, ¿qué hacía después?, ¿a qué hora salía para el colegio?, ¿cómo era
el camino al colegio y cómo solía sentirme?, ¿delante de qué tiendas, plazas,
árboles pasaba?, ¿qué recuerdo de ellos?, ¿cuál solía ser la primera materia de
clase?, ¿qué compañeros/as solía tener en mi pupitre de al lado? Un hilo de
preguntas así irá iluminando milagrosamente, como fichas de dominó, regiones
olvidadas de nuestra propia conciencia.
Ese sería el hilo de nuestro «horario» de entonces, pero hay casi
infinitos posibles: podemos preguntarnos, ¿quién era nuestro/a mejor amigo/a?,
y aparte de mí, ¿quiénes eran sus otros/as amigos/as?, ¿cómo eran?, ¿cómo
vestían?, ¿alguna vez fui a su casa?, ¿recuerdas los olores de aquellas casas?
De repente te sentirás creador, como un dios que saca un mundo de
las tinieblas y lo dispone a su albedrío.
Ejercicio 3. La metafísica del objeto
Al hilo de nuestras palabras sobre Husserl, hemos descubierto cómo
los objetos están ahítos de una vida
interior que, de un modo u otro, como los zapatos viejos de Van Gogh, tienen la
cualidad de reflejar fielmente el tiempo, nuestra conciencia.
Muchos escritores han usado esa técnica. Las imágenes son
herramientas literarias poderosísimas, porque concretan lo que de otro modo
está condenado a deambular cual fantasma en el espacio de la abstracción.
Si yo digo «estoy cansado», nos suena a algo trillado y vacío; no
llamaré la atención de nadie por más que mi cansancio sea muy sincero y me haga
llorar ardientes lágrimas sobre el papel que escribo. Si en cambio afirmo, como
Yehuda Amijai: «estoy cansado como una vieja lengua que se llena de palabras
extranjeras», algo de repente se enciende.
Lo mismo ocurre con los objetos. Los objetos que nos rodean
contienen nuestro pasado contado en un orden azaroso. Repásalos, recuerda su
historia, anota aquella anécdota que está inscrita en ellos, ordénalos según tu
criterio y tu particular cronología: de repente te topas con algo que te
implica pero que además puede resultar de interés de cara a otros. Y estaba
ahí, más cerca que cualquier país al que viajar, más accesible que cualquier
libro del estante o de Google. Y es tangible.
Son tres ejercicios muy simples. Y los tres nos
avisan de la misma verdad: nuestra autobiografía está escrita, sólo pide a
voces una selección, un tratamiento literario y, como diría Adam Zagajewski,
una pequeña dosis de fervor.
Conclusión
La narrativa de la memoria y la identidad ofrece un
territorio fértil para la experimentación literaria. El pasado no se presenta
como un bloque cerrado, sino como un espacio maleable. Para el escritor, este
ejercicio requiere una disciplina del recuerdo (la "técnica del
candil"): preguntar al pasado por sus olores, sus rutas y sus sombras
hasta que las piezas del dominó de la conciencia comiencen a caer. Así como la metafísica del objeto: repasar, recordar, anotar y
ordenar. Al final, nuestra autobiografía ya está escrita en el alma;
solo pide a voces una selección, un tratamiento literario y una pequeña dosis
de fervor.
Nota:
Este contenido se basa en materiales de la Maestría en
Escritura Creativa de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), adaptado
por la autora del blog para fines pedagógicos y divulgativos.
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