martes, 21 de abril de 2026

3. Memoria, identidad y pasado. Tema 3 de "El Yo en la escritura"

 

Escritura creativa en cápsulas: El Yo en la escritura


Tema 3. Memoria, identidad y pasado.

Introducción

La memoria y la identidad son ejes centrales de la narrativa contemporánea, especialmente en las obras que revisitan el pasado desde la perspectiva del yo. No se trata solo de contar lo que ocurrió, sino de interpretar, reconstruir y, en muchos casos, reinventar la experiencia personal o colectiva. Esta reelaboración implica un diálogo entre lo vivido y lo imaginado, lo recordado y lo olvidado. Como Rilke le sugirió al joven Balthus ante la pérdida de su gato: la desaparición física de lo amado da paso a una "adquisición interior" más intensa, donde el recuerdo se convierte en un albergue eterno.

CÁPSULAS

1. Memoria e identidad

La memoria no es un archivo neutro, sino un proceso activo de selección y narración.

  • La metáfora de la cera: Ya desde el Teeteto de Platón, se compara la memoria con una tablilla de cera donde grabamos percepciones como el sello de un anillo. Sin embargo, esta cera varía: puede ser pura, impura, dura o blanda, lo que determina por qué algunos recuerdos permanecen y otros se borran.
  • Identidad y Anamnesis: La identidad se construye en esa tensión. Para Platón, recordar es anamnesis (reaprender lo olvidado), mientras que para Aristóteles es una búsqueda activa basada en la distinción entre el antes y el después. No somos solo lo que vivimos, sino la coherencia narrativa y emocional que le damos a esas "huellas" que el pasado tatuó en nuestro espíritu.
  • El Yo como conciencia: Con San Agustín, la memoria se vincula definitivamente a la conciencia individual. "Al acordarse de algo, uno se acuerda de sí mismo". Escribir sobre el pasado es, en esencia, traernos a nosotros mismos al presente.

2. Reelaboración del pasado

El acto de reescribir el pasado no es un mero ejercicio de nostalgia: es una herramienta para comprender el presente y proyectar el futuro.

  • Memoria-Hábito vs. Memoria-Espíritu: Según Henri Bergson, existe una memoria del cuerpo (automática, como caminar) y una memoria del espíritu (el recuerdo único y singular). Esta última es la que nutre la creación literaria. Para acceder a ella, el escritor debe suspender lo útil y cotidiano, permitiendo que el pasado se refracte y se llene de nuevos sentidos.
  • El presente como flujo: Siguiendo a Husserl, el presente no es un punto estático, sino un "punto-fuente" que irradia hacia atrás (retención) y hacia adelante (protensión). La escritura creativa aprovecha esta "imperfección del presente" para buscar en la memoria no solo lo que fue, sino la creación de una novedad, tal como la magdalena de Proust que despliega todo un mundo (Combray) a partir de una sensación.
  • La Metafísica del Objeto: Los objetos (como los zapatos de Van Gogh o una vieja lengua) funcionan como portales. El escritor no narra abstracciones ("estoy triste"), sino que utiliza la imagen y el objeto tangible para concretar el tiempo y la conciencia.

    3. Memoria individual y colectiva

La memoria personal se entrelaza con la memoria social. La historia de una vida se inscribe en el marco más amplio de los acontecimientos históricos y los relatos comunitarios.

  • Marcos sociales: Como señala Elizabeth Jelin, la memoria individual necesita códigos culturales compartidos para tener sentido. El olvido a menudo ocurre cuando se pierde el soporte social que daba cabida al recuerdo.
  • El arte como testimonio de lo indecible: En casos de traumas colectivos (como el Holocausto), donde la cadena de la memoria se rompe, solo el artista puede reconstruir el silencio. El caso de Hurbinek, el niño en Auschwitz que murió balbuceando palabras sin sentido, nos recuerda que una memoria sin un nivel colectivo que la cobije es un "fósil incomprensible".
  • Memoria vs. Progreso: En la modernidad, la memoria suele verse como un camino de superación (posición progresista) o como un refugio de identidad (posición tradicionalista). El escritor debe interrogar si su relato busca la "sanación" terapéutica o simplemente testimoniar la falibilidad y vulnerabilidad de la naturaleza humana.

Ejercicio 1.  de la "técnica del candil": Reconstruir el camino al colegio o escuela primaria, no como un dato, sino como una experiencia sensorial (olores de las casas, colores de las tiendas), aplicando así la "memoria del espíritu" de Bergson.

Ejercicio 2. Una disciplina del recuerdo

Lo hemos aprendido con Bergson, pero también con Aristóteles: hablamos de recuerdo y de recordar, pero el fenómeno es más complejo de lo que aparenta o, cuando menos, tiene varios niveles. Hay una parte del recuerdo que sencillamente nos asalta y sobre la que no tenemos control. El poeta Lorenzo García Vega se lamentaba con humor negro del agujero negro del olvido que todo lo tragaba. Su actitud frente a ello no fue precisamente pasiva. Pese a la particular ironía y disparate, su disciplina fue extrema: anotaciones diarias en la «libretica» de sueños, memorias literarias del grupo Orígenes y de su niñez y juventud, novelas y poemas.

Por alguna secreta ciencia aún no determinada, muchos de nuestros recuerdos están como dormidos, pero no perdidos. Llamémosla técnica del candil: ve preguntándote, ¿a qué hora me levantaba cuando era niño/a?, ¿qué desayunaba?, ¿qué hacía después?, ¿a qué hora salía para el colegio?, ¿cómo era el camino al colegio y cómo solía sentirme?, ¿delante de qué tiendas, plazas, árboles pasaba?, ¿qué recuerdo de ellos?, ¿cuál solía ser la primera materia de clase?, ¿qué compañeros/as solía tener en mi pupitre de al lado? Un hilo de preguntas así irá iluminando milagrosamente, como fichas de dominó, regiones olvidadas de nuestra propia conciencia.

Ese sería el hilo de nuestro «horario» de entonces, pero hay casi infinitos posibles: podemos preguntarnos, ¿quién era nuestro/a mejor amigo/a?, y aparte de mí, ¿quiénes eran sus otros/as amigos/as?, ¿cómo eran?, ¿cómo vestían?, ¿alguna vez fui a su casa?, ¿recuerdas los olores de aquellas casas?

De repente te sentirás creador, como un dios que saca un mundo de las tinieblas y lo dispone a su albedrío.

Ejercicio 3. La metafísica del objeto

Al hilo de nuestras palabras sobre Husserl, hemos descubierto cómo los objetos están ahítos de una vida interior que, de un modo u otro, como los zapatos viejos de Van Gogh, tienen la cualidad de reflejar fielmente el tiempo, nuestra conciencia.

Muchos escritores han usado esa técnica. Las imágenes son herramientas literarias poderosísimas, porque concretan lo que de otro modo está condenado a deambular cual fantasma en el espacio de la abstracción.

Si yo digo «estoy cansado», nos suena a algo trillado y vacío; no llamaré la atención de nadie por más que mi cansancio sea muy sincero y me haga llorar ardientes lágrimas sobre el papel que escribo. Si en cambio afirmo, como Yehuda Amijai: «estoy cansado como una vieja lengua que se llena de palabras extranjeras», algo de repente se enciende.

Lo mismo ocurre con los objetos. Los objetos que nos rodean contienen nuestro pasado contado en un orden azaroso. Repásalos, recuerda su historia, anota aquella anécdota que está inscrita en ellos, ordénalos según tu criterio y tu particular cronología: de repente te topas con algo que te implica pero que además puede resultar de interés de cara a otros. Y estaba ahí, más cerca que cualquier país al que viajar, más accesible que cualquier libro del estante o de Google. Y es tangible.

 

Son tres ejercicios muy simples. Y los tres nos avisan de la misma verdad: nuestra autobiografía está escrita, sólo pide a voces una selección, un tratamiento literario y, como diría Adam Zagajewski, una pequeña dosis de fervor.

 

Conclusión

La narrativa de la memoria y la identidad ofrece un territorio fértil para la experimentación literaria. El pasado no se presenta como un bloque cerrado, sino como un espacio maleable. Para el escritor, este ejercicio requiere una disciplina del recuerdo (la "técnica del candil"): preguntar al pasado por sus olores, sus rutas y sus sombras hasta que las piezas del dominó de la conciencia comiencen a caer. Así como la metafísica del objeto: repasar, recordar, anotar y ordenar. Al final, nuestra autobiografía ya está escrita en el alma; solo pide a voces una selección, un tratamiento literario y una pequeña dosis de fervor.

 

Nota:

Este contenido se basa en materiales de la Maestría en Escritura Creativa de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), adaptado por la autora del blog para fines pedagógicos y divulgativos.

 

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