martes, 17 de mayo de 2022

Bienvenida esta colaboración de Hernando Restrepo Díaz: "El Flecha", de David Sánchez Juliao.

 

Desempolvando viejos recuerdos. I

 

De mi vida guardo muchísimos recuerdos, mas los que evoco con mayor frecuencia son aquellos ocurridos durante los años 60 y 70; en dicha época, nuestra ciudad de Medellín resplandecía como “La ciudad de la eterna primavera” -así conocida por sus condiciones climatéricas, envidiables para cualquier ciudad-; existían grandes bosques de selva virgen, así como abundantes prados y jardines, ayudándonos con sus aromas y sus flores a disipar las penas -que nunca nos pueden faltar-; adicionalmente a lo anterior, nuestras costumbres eran muy sanas, dentro de ellas añoro mucho los bailes de amigos que armábamos en las casas, en los que hombres y mujeres nos deleitábamos bailando y bebiendo (sin necesidad de emborracharnos), al son de la música de esos tiempos, la verdadera música.

 

Era esa le época en la que yo en la casa escuchaba con frecuencia los relatos de David Sánchez Juliao, escritor costumbrista, periodista y diplomático, nativo de Lorica (Córdoba), en especial El Flecha, y El Pachanga. Me atraía en ellos la forma en la que narraba su propio autor, con su voz impregnada del puro acento de la costa caribe, en los términos sencillos propios de la dialéctica popular de dicha región -el español costeño-; gozaba al oírlos por contener mucho sentido del humor y por la gran energía y emoción que Sánchez Juliao le imprimía en su propia voz al personaje principal de cada una de ellos.

 

En esta ocasión quiero invitarlos a conocer, unos, a rememorar, otros, El Flecha, una de las obras más conocidas y famosas del citado escritor. Es un cuento que relata un encuentro casual en un bar de Lorica, el Tuqui Tuqui, entre Sánchez Juliao y un boxeador, El Flecha. Entablan allí una amena charla, este último -quien se dirige al escritor como al viejo Deibi y define a quien se desempeña como escritor, así: "…man que desde la máquina de escribir es el ampaller del partido de la vida"-, es un hombre nacido en “…Lorica-saudita (le dicen así por la cantidad de turcos que hay…”, un loriquero del pueblo, un pobre negro que decía que su vida era como un partido de beisbol. Desempeñó varios oficios, auto proclamándose como: “el rey del rebusque”; pero “…quería ser boxeador. Desde que vivía en el barriecito ese ande todavía vivo, el Kenider, el barrio más bacano de Lorica, porque es el único con nombre de presidente de los Estados Unidos. Bueno, desde que vivía en ese barrio en donde a uno como negro no le queda otra alternativa que el ring y la fama, marica…”. Siempre soñó con llegar a ser un “champion” para darle una casa a su mamá “como las pirámides de Egipto”.  “…el día que me llevaron a Montería, al Estadio 18 de junio, a la primera pelea fuera de Lorica, pasó lo que pasó…

 

Pero mejor dejo aquí estas notas y les reitero la invitación a leer El Flecha, para que se deleiten con estas y otras ocurrencias allí relatadas con gran maestría por David Sánchez Juliao. Además, pueden escuchar dicho cuento en la voz de su propio autor, ya que él fue el primer escritor del mundo en grabar, en 1975, un audiolibro en un casete.


Hernando Restrepo Díaz. M.D.

 

EL FLECHA

David Sánchez Juliao

 

Es la noche del sábado. Vengo del campo. Conduzco mi jeep WilIys. De repente, recuerdo que tengo que escribir hasta tarde y que se me han acabado los cigarrillos: ¿dónde conseguirlos? Tal vez en las chazas del mercado, pero no, ya los chaceros deben de haberse marchado. ¿Frente al Teatro Colombia? Es muy tarde. La clientela de Marlboro debe de haber entrado ya a ver la película mexicana de hoy. ¿Frente al Teatro Marta? Tampoco, debe de haber pasado lo mismo. El Bar Tuqui-Tuqui, ese es el lugar. Allí los venden más frescos que en ningún otro lado.

 

Me dirijo hacia allá, parqueo el jeep frente a la acera, entro, y cuando me acerco al mostrador a decir, "despácherne un paquete de Marlboro, pero americano", oigo su voz que me llama desde una mesa:

******

-Erda, mira quién entró ahí: el viejo Deibi, mi amigo. Viejo Deibi: venga, venga viejo Deibi: choque esos cinco gusanos del extremo de la extremidad superior derecha, en español: déme la mano.

-Aja, Flecha, ¿qué ha habido?

 

-Bueno, bien viejo Deibi, siéntese aquí, vea, siéntese aquí, con este man que no lo defraudará, el Flecha. Este man que vive en el mundo de Marlboro, ¿sabe como'e? Venga, siéntese, que se lo sugiere su amigo. Erda, viejo Deibinson, sabe que desde hace rato, mire, lo tengo visté, echándole el ojo para lanzarle las incidencias del partido de mi vida. Ah, vaina, pregunte si no aquí en Lorica. Erda, me decía la gente izque, está por allí, y vaina, cogiendo datos p'a escribir un libro, y yo, ñerda, fildíandolo a campo abierto todo el tiempo y cház, me cae usted hoy, lo que es la vida, vea, aquí en el Tuqui-tuqui", de bombito al pitcher.

 

Erda, vea, yo aquí estoy con este par de manes. Eche, pero levántense ustedes, no joda, no ven que llegó el man Coco, el man coco-drilo de la localidad, oígase bien: de la loca-lidad. Porque, nojooda, aquí en este Lorica sí hay loco, cuadro. Con razón decían el otro día en la televisión que Lorica no descansa sobre un cementerio indígena sino sobre un manicomio chibcha, cuadro.

 

Bien, ¿se mete el traguito, viejo Deibi? Erda. Métase un traguito aquí con estos manes, vea, que me están  poniendo un canal bien panameño, y que los tengo bebiendo desde las cinco de la tarde, una botellita de aguardiente que la pago yo, para que ellos beban todo lo que quieran, me dejen hablar y se callen. Eche, de algo tiene que servirle la plata al pobre, cuadro. Bueno, pa no hablar más, se los presento, vea viejo Deibi: este es el Mono Mira. El Mono es el apodo, porque ¿no lo ve? Parece un pato albino, como blanquiado con cal, ¿ah? Mira es el apellido. Mira: ¡qué apellido! Y el nombre completo, traducido al inglés, el Mono Mira: quiere decir: in inglish: The Monkey Look, Y este es Eric Manzur, un turquito ensamblao en Colombia, porque es hijo de un árabe que se llama Ben-Jálamela-Mí, pero la mamá es loriquera. Manzur, óigase bien, Eric Man-Zur, gue quiere decir, "un man del sur", porque el Líbano, por si no lo sabía, viejo Deibi, queda de Pasto p'abajo; y este man, para información de ustedes, es un escritor. Ahora, qué es un escritor, brutos de carajo. Pues, el Real Diccionario de la Academia de la Lengua lo definió así, escritor: dos puntos: "man que desde la máquina de escribir es el ampaller del partido de la vida". Errrda: ¿cómo les quedó el ojo? ¡Tronco'e definición, ah!  Pero, viejo Deibi, en serio, ¿sabe una vaina? La vida mía es un partido de béisbol, la madre. Y ahora ahí con  usté, en la esquina de la mesa, en la almohadilla de primera, el turquito Manzur aquí en la segunda, y The Monkey Look en la tercera, le voy a lanzar pelota parlanchina de la buena. Pero antes de empezar a lanzarIe en firme, déjeme hacerle aquí a este par de manes unas prácticas de calentamiento para que sepan cómo fue que usted y yo nos conocimos.

 

Oigan ignorantes: cuando el Davy Sánchez Juliado era un man barro, que se la pasaba por aquí por Lorica pasiando el hambre por las calles, queriendo ser escritor, así peludo y bacano, bueno: para entretener el estómago se consiguió unas clasesitas de Historia Universal en el Colegio Superior Departamental de Bachillerato y Carreras Intermedias Lácides C. Bersal, óigase bien, Colegio Superior Departamental de Bachillerato y Carreras Intermedias, Lácides C. Bersal (tronco de nombre p'a tres salones, ¿ah?). Bueno, y el viejo Davy ahí nos dictaba en ese colegio, Historia Universal y vaina. Erda y nos hablaba de un poco de vainas que, nojoda, no tenían un carajo que ver con las vainas que le rayan a uno el ojo de tanto miradas todos los días aquí en Lorica. Nos hablaba izque de Napoleón y su Watergate, de Simón Bolívar y su azúcar Manuelita Refinada, de la torre Infiel de París, del Museo de la Ubre, la Universidad de la Vaina' erda, y un poco de vacilones ahí raros. Erda y nosotros qué carajo; nosotros queríamos ser era pitcher de la Selección Colombia, porteros del Junior de Barranquilla, guacharaqueros de Alejo Durán, cantante de los Hermanos Martelo o sparring de Pambelé. Vainas bacan as, estimulantes y tal. Erda y las vainas que el viejo Davy nos enseñaba no tenían que ver nada con el swing de uno. Porque, ¿qué tiene que ver la torre Infiel de París con la Iglesia 'e Lorica, pues? ¿o la Universidad de la Vaina con el colegio del profesor Simón? Eche, nada. Nada, Natilla. Y el viejo Davy, ahí fajao en el tablero y vaina, enseñándonos a nosotros esa vaina, eche. Yo lo que quería ser era boxeador. Bueno, mejor dicho, lo soy, pues, pero ahora no lo soy. Mejor dicho, lo fui. Bueno, mejor dicho, quiero serIo. Y no te rías, Monkey Look, nojada, porque si te sigues riendo te suspendo el trago.  -Ajá, viejo Deibi, ¿se mete el otro?

 

-Espérate, Flecha, no tan seguido, no tan seguido, calma, calma.

-Bueno bien. Puesí: entonces el viejo Deibi nos enseñaba ahí en ese colegio. Y una vez le metí una mamada de gallo al viejo Deibi, se acuerda viejo Deibi, con la vaina de los egipcios. Nojoda, ¿se acuerda? Estaba el viejo Deibi y vaina, fajado en el tablero, explicándonos a nosotros la vida de los egipcios y tal. Y en la última fila, estábamos los temibles de la clase: el Salo Jattin, el Buche'e Pavo, Burrito'e Totumo, el Chicle'e Bomba, René Puche y yo: haciendo relajo, izque reformando los refranes del español y vaina. Por ejemplo, el Chicle’bomba, así en voz baja, decía: (sin que el profe lo oyera) "ojos que no ven", y respondía el Salo: "a la fija es ciego"; decía el Burrito'e Totuma izque, "cuando el río suena", contestaba yo "se ahogó una orquesta, marica"; y decía el Buche'e pavo, "indio comido", y respondía René Puche: "Indio marica". Total que el viejo Deíbi nos agarró en la jugada. Ñerda y me mandó a mí a salir al tablero a hablar de los egipcios. Me acuerdo que salí yo caminando así, lentamente, con caminadito de beisbolista, nalguitapará, como cuando van pal home, y cejitas alzaítas de detective de película mejicana. y llegué al tablero y me le cuadré y le digo: "Dígame, viejo Profe", y me dice "bueno, Durango, hábleme de los egipcios". Y le digo: "Mierda, mi viejo Deibi, ¿los egipcios?". y me dice "sí, los egipcios". "Bueno, los egipcios eran unos manes legales, sabe". Y me dice el viejo Deibi: "¿Y en qué consistía la legalidad egipcia?", y digo yo, "Bueno, en que esos manes, nojoda, hacían unas pirámides tablúas, sipotúas, del porte de la house que le voy a hacer yo a mi mother cuando sea Champion, ¿sabecómo 'e?".

 

Pero viejo Deibi, yo andaba, así, desorientado, porque yo lo que quería ser era boxeador, lamadre. Jueputa profesión pa gustarrne, nojoda, más que la comida. Desde que vivía en el barriecito ese ande todavía vivo, el Kenider, el barrio más bacano de Lorica, porque es el único con nombre de presidente de los Estados Unidos. Bueno, desde que vivía ahí, en ese barrio en donde a uno como negro no le queda otra alternativa que el ring y la fama, marica. Sí, porque las demás profesiones, usted lo sabe, viejo Deibinson, son oficios p'a blancos. Lamadre. Bueno, a no ser que usted, nojoda, como negro se meta a uno de esos oficios en los que hay que rebuscarse como acompañado de la medallita de la Santísima Trinidad (tres personas divinas-y-un-solo-Dios-verdadero) Sí, porque yo no sé en este país cómo un carajo de carpintero, latonero, albañil, jarriador de agua, embolador, vendedor de Marlboro, minorista'e Kent, carretillero, jarriabulto, portero'e cabaré, picotero, cabrón de puta vieja, ayudante'e bus, fabricador de jaula, vendedor de raspao, chasero, escritor (no se empute, viejo Deibi, no se empute, for please), administrador de un agáchate, mandadero, vendedor de maní, acordionero, serenatero, fotógrafo'e bautismo, sacristán, voceador de periódico, vendedor de tinto, llantero, mecánico o empalmador, puede vivir. Lo que se gana en esos oficios, viejo Deibi, usted lo sabe, ñerda, no da, nojoda, ni pa' entretener al estómago, pues. Y eso que el estómago es un pelao chiquito, ahh: tu lo engañas, y vaina, con una colombina, un chupetín, y hasta el día siguiente, chao.

 

Ahí en el Kenider vivía yo con mi vieja. ¿Y ella sabe de qué vivía? De lavarle a los blancos. De ahí, de los calzoncillos sucios de los mandamás de Lorica, salió mi primer par de guantes. Qué ironía, ¿ahh? Y con todo eso hay unos cabrones que dicen que el boxeo es una profesión digna. ¡Mandan güevo, ahh! Pero la vieja mía, sabe, viejo Davy, era profesional de dos vainas: profesional del lavado y profesional de lengua. Oígase eso: de lengua. Yo creo que la profesión mía de boxeador nació de ver peliar a mi mamá con las vecinas, la madre. Erda: yo creo que el día que la vieja mía se muera, el gasto del entierro va a s ser doble. Sí, mano. Un ataúd talla midium para ella y su cuerpo, y otro king size, para su lengua. ¡Jueputa vieja pa gustarle la pelea! ¿Ahh? Es que es hasta compra pelea. Jooda, llega al como de ver dos viejas peliando y darle a una cien pesos pa' peliar con la otra. ¡Jodaaa! La madre que una vez soñé que cuando fuera campeón le iba a regalar dos vainas a mi vieja: una casa como las pirámides de Egipto y una consulta con un médico peleólogo, cuadro. Es que esa vieja mía con tal de pelear con la gente es capaz hasta de buscarle otra interpretación a las palabras. Mire: me acuerdo que una vez, estaba yo todavía pelao, me demoré jugando trompo en el callejón de las Miranda, y cuando llegué a la casa me dijo izque: "Adónde estabas tú, muchacho'e carajo". "Estaba jugando trompo en el callejón de las Miranda", le dije yo. Errrrrda: y enseguida me esparachinó: "Bueno, ¿y tú qué carajo tienes que ir a jugar trompo en el callejón de las Miranda, unas viejas cacorras solteronas a las que nadie en Lorica se ha querido comer?".

 

Pero eso no es nada, mire: una vez yo llegué a la casa llorando porque Juana Hicaco me había pegado un cocotazo, y se lo dije a mi mamá: "Mami: Juana Hicaco me pegó un cocotazo". Enseguida mi vieja salió a la calle y miró pa' la casa de Juana Hicaco y sin que ella estuviera por ahí, empezó a gritar para que todo el barrio la oyera: "No jada, Juana Hicaco, estás jodida, pegándoles cocotazos a los pelaos. Estás igualita a la China Restrepo, que no hay lanchero, ni chofer, ni embolador, ni acordionero que no se la haya comío ... ". Erda no se ría, no se ría, eso no es nada. Oiga esto: Otro día, bueno, hace tiempo ya, había dos viejas en el barrio .dándose lengua de acera a acera, de pretil a pretil: Tí-ta-tí-ta-ti-ta, Y se gritaban vainas la una a la otra: "Tú qué vienes a hablá, si tu hijo dijo que se había ido para Venezuela y se fue para un cabaré de Pereira a repartírselo a los cachacos"; y la otra le decía: "Y tu, abre el ojo con tu hijo, que mejor ni te lo digo". "¿Y tú qué hablas?, le gritaba la otra, si tu marido es abstemio de la ‘guasamalleta’ y tú tienes que abrirle la puerta a otro, ¿crees que eso no se sabe?". Y la vieja mía, mientras las dos viejas se daban látigo con la lengua de pretil a pretil, se paseaba por la calle frente a ellas de ida y de venida, de ida y de venida, esperando la oportunidad para meterse, tratando de cogerse un boleto en la pelea. Hasta que una de las viejas, ya desesperada, tuvo que gritarle: "Pero niña Tulia, tranquila que no es con usté, no es con usté". Ñerda, y la vieja mía se para y le grita: "Más hijueputa eres tú".

 

-Bueno, viejo Deibi, va el tercero, Complázcame.

-Bueno, va, pues.

 

-Bien, me gusta eso. Nojoda, viejo Davy. Pero imagínese si uno no va a resultar boxeador en un barrio con cipote agresividad. No joooda, yo creo que yo en otro mundo en el que hubiera nacido blanco, por ejemplo, y en un barrio donde la gente se hablara con la gente, la madre si no hubiera estudiado pa' gerente, pues. La madre si no. Pero nacer uno en un barrio en donde la vieja de uno no se habla con la gente de las cuatro cuadras a la redonda, eso es una vaina tesa, cuadro, tesa. Nojoda, a la pobre gente de esos barrios como el Kenider yo no sé qué le dan, cuadro, ni qué le hacen, para que, no joda, anden siempre emputados contra los de su misma clase. Yo creo que, la madre, en las Nojoda, porque eso es mucho no gustar la gente de la gente, cuadro. Eche, y a los blanquitos, que son los entrenadores de la selección de fútbol de la humanidad, aquí y en La Conchinchina, en el Kenider y en Cafarnaún, los ves tú todo lo contrario: de cojí-pipidos. Erdaa : no pelean entre ellos ni pal putas, marica. Porque ellos sí saben que "familia que roba unida permanece unida". Y cuando medio ven que se les está jodienda la vaina sacan un pinjiter, un Carter o un Agudelo Villa y listo: se arregló la vaina. Por eso, mientras tu los ves a ellos brillando hebilla, amazorcaítos todos los año nuevos en su Club Social, allá en el Centro, el hijueputa barrio Kenider de nosotros es una corraleja humana, mano.

Y por eso también, después de ese entrenamiento, de ver desde chiquito a la gente embestirse con la gente, a mí, el salto al ring me quedó pilao. Y más pilao todavía, pararle bolas al primer entrenador que llegara ofreciéndome tres chupetines para que fuera a su gimnasio a darle trompás a un saco de arena, marica. Pero el entrenador ese, el primero que llegó a hablar con mi vieja, le dijo, y vaina, que yo era un man con futuro en el encordado y tal; que tenía, sabe, ritmo, sum, buenos brincoteos, defensas chéveres y vaina. La vieja mía al principio se emputó, se subió, como el AIkaseltzer, pero después del malestar estomacal, y vaina, chsssh, se bajó, "y cómo lo hace", dijo y vaina. Ni modo: no pudo impedir que el viejo Flecha le pisara los talones a su vocación. Así que desde ese día, ahí me tenía usted entrenando en el gimnasio, y vaina, y viendo peleas de aficionados en la gallera de Lorica, y tal. Ah, e sosí: que siguiera en el colegio estudiando los egipcios, fue la condición que puso mi vieja. Yo estaba por esos días, sabe, atravesando la edad esa en que uno se define -dos puntos-: o le das la cara a la humanidad femenina por delante o le das la espalda a la humanidad masculina por detrás. La edad del tibiritábara, sabe, la edad de la situación Brillantina Moroline, de la campanita, del tres y dos, bases llenas, último inning; la edad del Níágara en Bicicleta, la edad del to be or not to be. Pero yo decidí ser tuve, sabecomo'é? Pero lo que son las coincidencias: por esos días yo había terminado mis amores con "La Pelusa", que era la “María casquitos” más cotizada de Córdoba; y me había dedicado ya a las pelás. ¿Pero cómo decirle? Viejo Deibi, a la pelás, así pelás-pelás, animal racional y vaina. No jodaaa, a la semana de estár entrenando, toda Lorica-saudíta (le dicen así por la cantidad de turcos que hay ahí), repito, toda Lorica-saudita supo el futuro de mis puños. Erda, se regó la noticia como verdolaga en playa. Y empecé, y vaina, a caminar por el pueblo con aguaje de rey y vaina, con caminadito de "yatedigo ", "de ¿sabecomo é?", mejor dicho, con un caminadito bien verdadero. Para mejor decir le: caminaba como bailaba. Y a buscarle la pelea a to 'el mundo, marica. Erdaa: cuando veía a los blanquitos esos de la sociedá, y tal, que pasaban en sus cic1as con sus pelaítas aliado, me les iba y los empujaba de maldá. Erdaa: y cuando medio me reviraban , me les cuadraba así con aguaje de KasiuscIey: ¿Y qué, y qué?! ¿Te vas a meter con el futur-champion? ¡Métete conmigo para que veas que te pongo la cerca de dedos en el crucifijo de los mocos! Bueno, cómo sería la vaina que la inspección de policía me multó la mano, marica. Onde se la pusiera a alguien encima, me mandaban boleta de captura, cuadro. ¿Qué tal? Erda, por ese tiempo, me saqué un borreguito a lo Elvis Presley: q.e.p.d , con todo y borrego), erda, y se me dio por fumar Lucky, cuadro, o Viceroy, eso sí, con Mejora! picadito adentro p'a trabarme en cine. Nojoda, porque en aquellos tiempos la Guajira estaba en nada, la ‘maricachafa’ no existía,¿ sabecomo é?. Mejor dicho, para resumirle, apenas dejé el colegio por aquellos tiempos, se me metió la bacanidad en la sangre.

 

Como al mes de esa vaina la emisora de Lorica metió un sirenazo pa' anunciar que yo iba a peliar en la gallera con un man de Cartagena: un man como de dos metros, Pullanube Salcedo, se llamaba. Pero qué va, cuadro, me lo bajé en el quinto. En el -quin-too, Me gané trecientas barras, que son mil pesos (porque según el cambio del día, la barra está a tres pesos, sabe) - La barra es la unidad monetaria de la República Soberana e Independiente de la Legalidad-o Le llevé trecientas barras, es decir, mil pesos a la vieja mía. Era la primera vez que la vieja veía tanto billete junto. La gente en el barrio me prestaba los billetes pa' manosiarlos y me los devolvía. Total que ahí contenta y tal, la vieja me curó los moretones con parches de alcanfor y hojitas de toronjil.

 

-Erda, viejo Deibi, pa' qué le cuento de las peleas que siguieron, ¿para qué? Si le doy detalles, ahí queda usté frío, tutipley, pa' to' el día. El caso es que seguí peliando y entrenando, y unas veces me iba mal y otras bien. Que va, pero me di cuenta de que yo no daba pa' más, cuadro. No desarrollaba, me entiende, por más que le daba a los sacos de arena. No joda y me convencí de que yo estaba hecho pa' ganarme las trescientas barras al cambio del día todos los sábados de la historia en todas las galleras del mundo; y que no iba a ser campeón mundial ni una mierda, ni le iba a regalar a mi vieja una casa como las pirámides de Egipto; ni que iba a salir retratado en la primera página del Espectador abrazando una cipote mona en biquini, y vaina. Erda, tronco'e desilusión, cuadro. Estuve, nojoda, a punto de samparrme un raspao de cola con leche y raticida, pa’ suicidarme, mano. Pero qué va: después de tanto pensado me convencí de que pa' suicidarse también se necesita entrenamiento.

 

Por eso, el día que me llevaron a Montería, al Estadio 18 de Junio, a la primera pelea fuera de Lorica , pasó lo que pasó Claro, viejo: tenía yo ya el ánimo en las rodillas. Pero, erda, subí al cuadrilátero brincando y tal, haciéndome el contento. Iba a pelear con el Johnny González, “la mano de piedra más fuerte de todo Córdoba”. Erda: y ahí pasó lo que pasó: Me agarró el Johnny en el primero y taaas,un manducaso a la cara y yo, chás, a la lona; como quien dice: a besarle los pies a Coltejer. Ñerda, y en el momento en que el referee empezó a contar, uno, dos, tres, cuatro, chás, se fue la luz en el estadio, marica. Erda, y se hizo un silencio duro, hondo, crudo, mano. Pero él referee siguió contando en el oscuro: cinco seis, siete y cuando iba por ocho, chás, llegó la luz de nuevo. Noojooda, me imagino la cara del referee y la del público, y la del Johnny , marica, cuando encontraron la lona vacía. Porque, nojoda, yo, cuando llegó la luz, estaba como a cuatro cuadras del estadio, caminando pa' mi casa, marica. Salí volando, como una flecha. Siiií: yo a ese man no me le paraba más. Así es, cuadro: yo soy un caso único en el boxeo de este país: un boxeador al que la gente bautiza el día que se retira. Desde ese día soy el veloz, "el super-rápido", "el ultrasónico", "el rompecandao", "el vuela-más-quel-viento", "the arrow": "El Flecha".

 

De ahí pa’lante, jodido, mano: chofer de plaza. Un dueño de taxi me dio un jeep para que lo manejara, un W.V.M. -porque como ahora hay B.M.W.-, el mío era W.V.M: o sea, un WillysVuelto Mierda. Nojoda, pero al mes me lo quitó porque yo me la pasaba era jugando al boxeo y dándome pataditas en las pelotas con los otros choferes de Lorica, y vaina. Erda, hasta que todos los dueños de carros de Lorica se pusieron de acuerdo pa' no darme ningún jeep a mí, porque les estaba pervirtiendo el gremio, y vaina. Nojoda, dejé por sécula seculorum de ser boxeador, mano. No joda, y lo que más me duele es que tanta película del Che Guevara que vi yo pa' aprendé a boxeá, lamadre. Eche, sí, porque yo aprendí a boxear fue viendo películas del Che Guevara. Man verraco ese con la muñeca, mano. Nojoda, ese man sí jalaba trompá. Indio que se le paraba así en la selva de Méjico, lo cogía, tu, tuc, tuc, tuc: a la lona, mano. Jooda, ese man, la madre si no tira más puño que Fidel.

-Echeee, no te rías, Monkey Look, la madre si no, pues si te sigues riendo te suspendo el trago.

 

-Bueno, viejo Deibi, ¿se mete el otro?

 

-Bueno, va, pues.

                     .

-Viejo Deibi: le juro, por mi madrecita y Dios, que yo más que todo quería ser boxeador, para sacar a mi vieja de ese barrio, lamadre. Pero qué va, mano, a mí la esperanza también noquió en el quinto.. ¿Quiere ver cómo narraría yo, viejo Deibi, una pelea mía con la esperanza? Vea, vea: "Vemos allá a la esperanza en su esquina, con bata francesa, zapaticos tenis americanos, pantalonetica con la bandera de los Estados Unidos, guantes de cuero fino de cabretilla; alimentaba y masajiada por el señor Presidente de la República; lista la esperanza en su esquina. Y en la otra esquina, fanáticos del boxeo, Javier Durango, alias el Flecha, con tenis loriqueros de cuero de abarca, pantaloneta de lona de cama y un guante de catcher en cada mano; lo masajea y lo alimenta la jodidez de este hijueputa mundo. Listos los boxeadores en el centro del ríng, Se abrazan, la esperanza y el Flecha. El referee, que es éste sistema de vainas, se aleja y hace la seña. Los boxeadores se cuadran en el centro del ríng, y empiezan: Gancho de derecha y swing de izquierda del Flecha que no llegan a su destino ... Uppercut de izquierda, upper de derecha, swing de izquierda del Flecha a la cara de la esperanza, pero nada: es una mole esta esperanza, inamovible, fuerte, invencible. Uppercut de izquierda y gancho de derecha nuevamente de la esperanza al rostro del Flecha ... el Flecha responde con un jab de izquierda que tampoco llega a tocar a la esperanza ... Directo de derecha de la esperanza ahora a la cara del Flecha que retrocede un poco ... Uppercut de izquierda, gancho de derecha, swing de izquierda de la esperanza ... Vuelven ahora al centro del encordado los boxeadores, latiendo en la punta de los pies ... Gancho de izquierda, gancho de derecha de la esperanza ... otro uppercut de izquierda de la esperanza, directo de derecha de la esperanza ... y se va a la lona, se va a la lona el Flecha, con un gancho de izquierda y un directo de derecha ... Va por siete, va por ocho, nueve y dieeezzz .... Knockout fulminante de la esperanza a Javier Durango, alias el Flecha, knockout fulminante, caballeeeros... ".

 

-Puesí, hermano, viejo Deibi: la esperanza también me noquió en el primero, me tiró a la lona, sabe. Y ahí sigue la vieja mía lavando pa' los blancos y yo aquí: hablándole mierda a usté, y bebiendo pa' olvidar, cuadro. Pero lo que más me duele sabe qué es, viejo Deibi: que la botella ésta que nos estamos metiendo, ha salido de la batea de ella, de una ropa limpia que entregó ayer en la casa de los Lavalle. Fíjese: ella con su trabajo me está patrocinando todas estas vagabunderías de estarle hablando a usté aquí pa' que usté escriba su libro. Y lo otro que yo me pregunto es si la vieja mía con su lavado de ropa no estará patrocinando lo que usted va a escribir, viejo Deibi, Piense en eso. Porque yo creo que hasta la literatura en este país sale de los calzoncillos sucios de los blancos, la madre si no.

 

(Bogotá, 1977).

 

domingo, 8 de mayo de 2022

Tips para mejorar nuestra narrativa: 20. Títulos de cuentos o novelas

 Continuemos aprovechando la generosidad del portal Ciudad Seva del escritor LUIS LÓPEZ NIEVES (https://ciudadseva.com/texto/instrucciones-para-escribir-cuentos-o-novelas/) y repasemos los consejos prácticos que nos ofrece para mejorar nuestra narrativa.

Recorramos hoy el siguiente aparte de Pura Literatura: 

20. Títulos de cuentos o novelas

Mi discípula Laura García Urrutia me pidió que escribiera una nota sobre cómo hago para titular mis obras. No creo que la explicación sea sencilla. Bueno, hay una respuesta evidente: se busca un título memorable, “pegajoso”, que se quede en la mente del lector.

Puede ser breve o largo. Es más sencillo que un título breve se quede en la memoria, pero ha habido títulos larguísimos que con escucharlos o verlos una sola vez se me han quedado en la mente. Me ocurrió con La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada, de Gabriel García Márquez. Ni siquiera lo leí la primera vez. Alguien me lo mencionó verbalmente. Cuando fui a pedir el libro a una librería pude recitar el título sin ningún problema: se me había grabado en la memoria. No porque yo tenga superpoderes mentales: sencillamente es un gran título. Esta sería mi primera sugerencia: que el título sea memorable.

Pero esta recomendación es obvia. La verdadera pregunta es: ¿de dónde sacar este título memorable? Veamos los siguientes recursos:

  • El nombre del protagonista: Este recurso es antiquísimo. Pensemos en Edipo rey y Antígona, que son del tiempo de los griegos antiguos. Pasemos por el Lazarillo de Tormes y Amadís de Gaula. Y lleguemos hasta Madame Bovary, El conde de Montecristo, “Bola de Sebo”, Doña Bárbara, Aura y “La señorita Cora”. Además, puede haber variaciones como El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, en que se le añade una descripción al nombre; o Pablo y Virginia, título que une dos nombres; o Los tres mosqueteros, que se refiere a un nombre colectivo.
  • Lugar de la acción: El castillo, Barrio negro, La cartuja de Parma, La taberna. Estos títulos son, literalmente, los nombres de los lugares en que transcurre toda o parte de la acción de la obra. Y puede haber variaciones que le añadan un toque simbólico al lugar, como en el caso de El callejón de los milagros o La montaña mágica. En el primer caso se trata de un callejón literal en que ocurre la novela, pero los milagros ya son un elemento subjetivo. Y la montaña tampoco es literalmente mágica, pero la acción de la novela transcurre en una montaña.
  • Una sola palabra llamativa: Rayuela, Niebla, “Patriotismo”, “Campeones”, Drácula, Nadja, Gog. Estos títulos consisten de una sola palabra que, en la opinión del autor, son llamativas y pueden crear interés por conocer el contenido de la obra. Nótese que los últimos tres ejemplos son nombres (de una sola palabra) de los protagonistas.
  • Frase hecha o variación de una frase hecha: El amor en los tiempos del cólera, “El golpe de gracia”, “Los amados muertos” y “El ojo del amo” son ejemplos de títulos que utilizan una frase hecha o una frase hecha que ha sido modificada.
  • Anticipo de la trama: El proceso, “Continuidad de los parques”, “La noche boca arriba”, “Dejar a Matilde”, “A la deriva” y Crónica de una muerte anunciada son ejemplos de títulos que anticipan (sin decirlo todo, por supuesto) lo que ocurrirá en el texto.
  • Contrastes: La guerra y la paz, Crimen y castigo, Padres e hijos, Los hermosos y malditos, Las amistades peligrosas, El caballero inexistente. Contrastes como los de estos ejemplos son frecuentes en títulos de obras literarias porque llaman la atención.
  • Verso o frase de otro autor: Cuando quiero llorar no lloro, El nombre de la rosa y La condición humana son ejemplos de títulos que son versos de un poema o frases de una novela o cuento de otro autor, pero estos tres autores los utilizaron (con el debido crédito) para titular sus obras. Por ejemplo, podríamos usar, como título de nuestro cuento o novela, una frase del Quijote, de Cervantes. La novela podría titularse De cuyo nombre no quiero acordarme. En este caso sería bueno colocar la frase al comienzo de la obra, como epígrafe.
  • Frase tomada de la propia obra: “Diles que no me maten” es un cuento de Juan Rulfo que comienza, precisamente, con “Diles que no me maten”. Una vez terminado nuestro cuento o novela, es cuestión de releer con cuidado en busca de un diálogo, una descripción o cualquier frase que sea llamativa y que suene bien al oído. Este es un recurso que he usado con frecuencia para mis cuentos. En el caso de libros de cuentos, una opción es usar el título de uno de los cuentos para todo el libro. Ese es el caso del libro de cuentos Todos los fuegos el fuegos, de Julio Cortázar. Incluye un cuento que se llama “Todos los fuegos el fuego”, que Cortázar utilizó para todo el libro.
  • Despertar curiosidad: Crónica de una muerte anunciada, El coronel no tiene quién le escriba, “Página asesina”, “Algo había sucedido”, “La noche de los feos” y El señor de los anillos, son títulos que, vistos en una librería, de inmediato nos hacen pensar: ¿Una página que mata?, ¿Qué sucedió? o ¿Señor de cuáles anillos? Estos títulos, como los de muchas novelas de suspenso, de inmediato despiertan la curiosidad del lector potencial.

Estas son algunas sugerencias sobre cómo titular una obra literaria.

Personalmente, creo que he usado todos estos recursos. Veamos:

El título de mi novela El corazón de Voltaire es bastante literal. La novela trata sobre el corazón del filósofo Voltaire, que lleva varios siglos en una urna en París. Toda la novela realmente gira en torno a este corazón. Por tanto, cuando llegó el momento de escoger título, no tuve muchas dificultades. Preparé una lista con varias opciones, pero en el fondo siempre supe que no había otro título posible; además, cumplía con otros requisitos: es breve, se queda en la memoria, despierta curiosidad, etc.

En el caso de mi novela El silencio de Galileo, al documentarme y leer datos biográficos de Galileo, recuerdo haber visto que varias personas hablaban del famoso “silencio de Galileo”. Se referían a que la Inquisición condenó a Galileo y le prohibió hablar sobre sus teorías científicas. Lo silenciaron. Además, la novela trata sobre un secreto de Galileo y de la familia Galileo que no se debe mencionar. Así que El silencio de Galileo me pareció el título adecuado. Pensé que cumplía con los requisitos de un buen título.

Seva es el nombre de un pueblo que me inventé. Toda la trama de mi libro Seva trata sobre este pueblo. Por tanto, este probablemente ha sido mi título más fácil. En realidad era el único título posible. Bueno, no exactamente. Ahora que lo pienso, supongo que había muchas opciones. Cien años de soledad gira absolutamente en torno a Macondo pero no se llama Macondo. Así que pude escoger otro nombre para Seva, pero no lo hice. El arte no es científico: es intuitivo. Muchas veces la simple intuición nos indica el camino.

Mi libro de cuentos La verdadera muerte de Juan Ponce de León incluye cinco cuentos históricos, uno de los cuales se llama de la misma manera. Como expliqué arriba, utilicé el título de este cuento para el libro completo. Este cuento trata sobre cómo realmente murió Juan Ponce de León. Es literal.

Por último, mi libro de cuentos Escribir para Rafa también incluye un cuento con el mismo título. En este caso es un título literal porque el cuento trata sobre un hombre que escribe cartas para su amigo Rafa.

Además de estos cinco libros, creo que he publicado más de treinta cuentos, pero no discutiré cada título porque esta nota quedaría muy larga.

Termino con un comentario subjetivo: al titular cuentos, creo que mi recurso favorito es el de sacar una frase del propio cuento.

Luis López Nieves

sábado, 7 de mayo de 2022

"La mujer ". Un cuento del dominicano Juan Bosch. A continuación un interesante análisis literario del cuento

 

La mujer

Juan Bosch*

 

La carretera está muerta. Nadie ni nada la resucitará. Larga, infinitamente larga, ni en la piel gris se le ve vida. El sol la mató; el sol de acero, de tan candente al rojo, un rojo que se hizo blanco. Tornose luego transparente el acero blanco, y sigue ahí, sobre el lomo de la carretera.

Debe hacer muchos siglos de su muerte. La desenterraron hombres con picos y palas. Cantaban y picaban; algunos había, sin embargo, que ni cantaban ni picaban. Fue muy largo todo aquello. Se veía que venían de lejos: sudaban, hedían. De tarde el acero blanco se volvía rojo; entonces en los ojos de los hombres que desenterraban la carretera se agitaba una hoguera pequeñita, detrás de las pupilas.

La muerta atravesaba sabanas y lomas y los vientos traían polvo sobre ella. Después aquel polvo murió también y se posó en la piel gris.

A los lados hay arbustos espinosos. Muchas veces la vista se enferma de tanta amplitud. Pero las planicies están peladas. Pajonales, a distancia. Tal vez aves rapaces coronen cactos. Y los cactos están allá, más lejos, embutidos en el acero blanco.

También hay bohíos, casi todos bajos y hechos con barro. Algunos están pintados de blanco y no se ven bajo el sol. Sólo se destaca el techo grueso, seco, ansioso de quemarse día a día. Las cañas dieron esas techumbres por las que nunca rueda agua.

La carretera muerta, totalmente muerta, está ahí, desenterrada, gris. La mujer se veía, primero, como un punto negro, después, como una piedra que hubieran dejado sobre la momia larga. Estaba allí tirada sin que la brisa le moviera los harapos. No la quemaba el sol; tan sólo sentía dolor por los gritos del niño. El niño era de bronce, pequeñín, con los ojos llenos de luz, y se agarraba a la madre tratando de tirar de ella con sus manecitas. Pronto iba la carretera a quemar el cuerpo, las rodillas por lo menos, de aquella criatura desnuda y gritona.

La casa estaba allí cerca, pero no podía verse.

A medida que se avanzaba crecía aquello que parecía una piedra tirada en medio de la gran carretera muerta. Crecía, y Quico se dijo: “Un becerro, sin duda, estropeado por un auto”.

Tendió la vista: la planicie, la sabana. Una colina lejana, con pajonales, como si fuera esa colina sólo un montoncito de arena apilada por los vientos. El cauce de un río; las fauces secas de la tierra que tuvo agua mil años antes de hoy. Se resquebrajaba la planicie dorada bajo el pesado acero transparente. Y los cactos, los cactos coronados de aves rapaces.

Más cerca ya, Quico vio que era persona. Oyó distintamente los gritos del niño.

El marido le había pegado. Por la única habitación del bohío, caliente como horno, la persiguió, tirándole de los cabellos y machacándole la cabeza a puñetazos.

-¡Hija de mala madre! ¡Hija de mala madre! ¡Te voy a matar como a una perra, desvergonsá!

-Pero si nadie pasó, Chepe: nadie pasó -quería ella explicar.

-¿Que no? ¡Ahora verás!

Y volvía a golpearla.

El niño se agarraba a las piernas de su papá, no sabía hablar aún y pretendía evitarlo. Él veía la mujer sangrando por la nariz. La sangre no le daba miedo, no, solamente deseos de llorar, de gritar mucho. De seguro mamá moriría si seguía sangrando.

Todo fue porque la mujer no vendió la leche de cabra, como él se lo mandara; al volver de las lomas, cuatro días después, no halló el dinero. Ella contó que se había cortado la leche; la verdad es que la bebió el niño. Prefirió no tener unas monedas a que la criatura sufriera hambre tanto tiempo.

Le dijo después que se marchara con su hijo:

-¡Te mataré si vuelves a esta casa!

La mujer estaba tirada en el piso de tierra; sangraba mucho y nada oía. Chepe, frenético, la arrastró hasta la carretera. Y se quedó allí, como muerta, sobre el lomo de la gran momia.

Quico tenía agua para dos días más de camino, pero la gastó en rociar la frente de la mujer. La llevó hasta el bohío, dándole el brazo, y pensó en romper su camisa listada para limpiarla de sangre. Chepe entró por el patio.

-¡Te dije que no quería verte má aquí, condená!

Parece que no había visto al extraño. Aquel acero blanco, transparente, le había vuelto fiera, de seguro. El pelo era estopa y las córneas estaban rojas.

Quico le llamó la atención; pero él, medio loco, amenazó de nuevo a su víctima. Iba a pegarle ya. Entonces fue cuando se entabló la lucha entre los dos hombres.

El niño pequeñín comenzó a gritar otra vez; ahora se envolvía en la falda de su mamá.

La lucha era como una canción silenciosa. No decían palabra. Sólo se oían los gritos del muchacho y las pisadas violentas.

La mujer vio cómo Quico ahogaba a Chepe: tenía los dedos engarfiados en el pescuezo de su marido. Éste comenzó por cerrar los ojos; abría la boca y le subía la sangre al rostro.

Ella no supo qué sucedió, pero cerca, junto a la puerta, estaba la piedra; una piedra como lava, rugosa, casi negra, pesada. Sintió que le nacía una fuerza brutal. La alzó. Sonó seco el golpe. Quico soltó el pescuezo del otro, luego dobló las rodillas, después abrió los brazos con amplitud y cayó de espaldas, sin quejarse, sin hacer un esfuerzo.

La tierra del piso absorbía aquella sangre tan roja, tan abundante. Chepe veía la luz brillar en ella.

La mujer tenía las manos crispadas sobre la cara, todo el pelo suelto y los ojos pugnando por saltar. Corrió. Sentía flojedad en las coyunturas. Quería ver si alguien venía. Pero sobre la gran carretera muerta, totalmente muerta, sólo estaba el sol que la mató. Allá, al final de la planicie, la colina de arenas que amontonaron los vientos. Y cactos embutidos en el acero.

 

*Juan Bosch

(1909/06/30 - 2001/11/01)

Escritor y político dominicano

–Ningún hombre es superior a su pueblo–

Presidente de la República Dominicana 1963.

Obras: El oro y la paz, La Muchacha de La Guaira ...

 

Del blog Monografías, este interesante

Análisis del cuento "La mujer" de Juan Bosch

 

Análisis literario

1-      Tipo de titulo

2-      Bio-bibliografía del autor

3-      Tema principal

4-      Argumentación

5-      Personajes principales y secundarios con sus características

6-      Contexto histórico y social

7-      Ambiente físico y sicológico

8-      Estructura de la trama

9-      Modo de expresión

10- Tipo de narrador

11- Tipo de lengua

12- Nivel de lengua

13-  Géneros literarios

14- Figuras literarias

15-  Valores positivos y negativos contenidos en el texto

16- Vocabulario

17- Opinión crítica

18- Bibliografía

 

 

1- Tipo de título 

El título es literal, porque exactamente el cuento habla de una mujer.

2-      Bio-bibliografía del autor

Juan Bosch

(La Vega, 1909 – Santo Domingo, 2001) Político y escritor dominicano. Cuando Trujillo alcanzó la presidencia del país en 1930, Bosch fue acusado de conspiración contra el nuevo régimen y pasó algún tiempo encarcelado. Recuperada la libertad, ingresó como empleado en la Oficina Nacional de Estadística, pero en 1937 renunció a su puesto y abandonó la República Dominicana para instalarse en Puerto Rico.

Allí se unió a la lucha antitrujillista y junto a otros exiliados fundó el Partido Revolucionario Dominicano (PRD) en 1939. Viajó a Cuba y en la isla desarrolló una actividad política de gran relevancia que le llevó a ocupar el cargo de secretario particular del presidente Prío Socarrás. Cuando en 1959 la revolución castrista llegó a La Habana, Bosch abandonó Cuba y se instaló en Costa Rica.

Confirmado el asesinato del dictador Trujillo en una emboscada, Bosch regresó a su país en octubre de 1961 y dedicó sus esfuerzos a impulsar el desarrollo del Partido Revolucionario Dominicano, con el que acudió a la cita electoral de 1962 y consiguió proclamarse presidente de la República. Tomó posesión de la más alta magistratura del país el 27 de febrero de 1963 y, con el apoyo del Partido Comunista, abrazó un ambicioso programa de reformas. La Iglesia y la embajada de Estados Unidos encabezaron entonces una dura campaña de oposición a su programa que, siete meses después, provocó la caída de Bosch y la asunción del poder por parte de un triunvirato militar.

Deportado a Puerto Rico, mantuvo contacto permanente con las fuerzas políticas de su partido y buscó apoyo militar en los sectores jóvenes del ejército para orquestar un movimiento armado contra el gobierno golpista dirigido por Reid Cabral. El levantamiento en los cuarteles se transformó el 24 de abril de 1965 en una revuelta popular que provocó la inmediata intervención militar de los Estados Unidos. La contienda, en la que perdieron la vida más de cinco mil dominicanos, terminó con un acuerdo negociado que instauró en el Palacio Nacional al gobierno provisional de García Godoy en septiembre de aquel mismo año.

En 1966, Bosch volvió a presentarse a las elecciones presidenciales, pero cayó derrotado ante Joaquín Balaguer. Al iniciarse la década de 1970, retomó la iniciativa política con la fundación del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), formación de inspiración marxista con la que acudió a las citas electorales de 1978, en las que apenas consiguió respaldo popular, y de 1982, año en el que obtuvo seis diputados en el parlamento dominicano y el control municipal en más de veinte ayuntamientos del país. Los comicios de 1986 significaron un nuevo espaldarazo para Bosch y su partido contabilizó 16 escaños, aunque la victoria cayó nuevamente del lado de su viejo enemigo político y líder del Partido Reformista, Joaquín Balaguer.

Cuatro años más tarde, ambos adversarios volvieron a competir en las urnas para ocupar el Palacio Nacional y, una vez más, Bosch quedó apartado de la presidencia en un proceso marcado por las irregularidades. Su último intento de tomar el poder llegó en 1994 y fracasó de nuevo en unos comicios que los observadores internacionales denunciaron como fraudulentos. La crisis política desatada tras las elecciones provocó una reforma constitucional que limitaba a dos años el nuevo mandato de Balaguer y prohibía expresamente la reelección presidencial.

Juan Bosch fue un apasionado de las letras desde su juventud y cultivó la disciplina literaria en forma de cuentos y relatos breves para introducirse, después, en el género de la novela. Su abundante obra, escrita dentro y fuera del país, recoge entre otros asuntos la realidad sociocultural de los campos dominicanos, sus conflictos y sus luchas.

Bosch es autor de la novela criolla La mañosa (1936), de ambientación rural, pero se destaca especialmente como autor de los relatos breves Camino real (1933), Indios (1935), Dos pesos de agua(1941), Ocho cuentos (1947), La muchacha de la Guaira (1955), Cuentos escritos en el exilio y apuntes sobre el arte de escribir cuentos (1962) y Más cuentos escritos en exilio (1966). Entre sus obras históricas y políticas destacan títulos como Trujillo: causas de una tiranía sin ejemplo (1961), Composición social dominicana (1978) y La guerra de la Restauración (1982), entre otros.

3-      Tema principal.

El tema de esta obra se centraliza en las miserias y necesidades de una familia campesina. Tal necesidad generó la violencia del marido contra su mujer, a la cual golpea dejándola casi por muerta tirada al borde la carretera.

4-      Argumentación:

Todo se desarrolla en una comunidad campesina muy pobre y aislada donde la tierra es árida y poco productiva, lo que agravaba la producción económica de los moradores de esa comarca. El marido de la mujer de nombre Chepe, sale de su casa para la loma donde tenía conucos. Al despedirse dice a su mujer, con la cual tenía un hijo, que venda la leche de cabra y le guarde el dinero para cuando regrese. Por la precariedad y la carencia de alimento para el niño, la mujer decide dar la leche como alimento al niño para no dejarlo morir de hambre. Cuando regresa chepe a los tres o cuatro días, pide a su mujer el dinero de la venta de la leche. Ésta le contestó que no lo tenía porque la leche se había cortado.

Inmediatamente le entró a golpes de una manera violentísima, al extremo de golpearla con tanta rudeza y la tiró al borde de la carretera dejándola casi muerta y sangrando por boca y nariz. En esos momentos se acercaba un hombre llamado Quico, y auxilio a la mujer al verla en el estado que estaba; la llevó a la casa, y allí trató de ayudarla. Pero Chepe su marido, volvió, y al encontrarla en la casa, volvió a golpearla y a echarla de la casa. Como fue en presencia de Quico, se abalanzó contra Chepe, y tomándolo por el cuello lo asfixiaba con una fiereza tal que ya casi se moría Chepe. La mujer al ver a su marido casi muerto tomó una piedra y golpeo bruscamente a Quico en la cabeza, cayendo de rodillas y luego bruscamente al suelo donde dejaba un charco de sangre y no se movió más. Así la mujer pagó a Quico, a quien la defendió para que Chepe, su marido no la matara.

El sentimiento de la mujer por su marido Chepe estaba por encima de toda la circunstancia al extremo de que siendo tal maltratada, prefirió atacar a quien la defendía de la violencia de su esposo, porque estuvo a punto de ser muerto por Quico, quien defendía dicha mujer. Por tanto el mensaje podría ser: en pleito de marido y mujer, quien se entremete en ellos, saldrá perjudicado.

5-      Personajes principales y secundarios con sus características.

CHEPE: agricultor, marido de la mujer con la que tenía un hijo, se ausentaba del hogar para trabajar la tierra por algunos días. Tenían algunas cabras, de las cuales vendía su leche. Chepe era muy violento.

LA MUJER: compañera de Chepe, era sumisa y fiel a su marido, y a su vez capaz de todos los sacrificios.

EL NIÑO: muy pequeño, lloraba desesperado al ver su madre siendo maltratada.

QUICO: quien llega a la comarca en el momento en el que la mujer ha recibido una golpiza de su marido. Trata de ayudarla, y al ver al Chepe que trata de golpearla nuevamente, Quico se pelea cuerpo a cuerpo con Chepe, pero Quico es atacado por la mujer de Chepe, y quien al parecer muere por el golpe que ésta le da en la cabeza con una piedra.  

6-      Contexto histórico y social:

El cuento no  presenta una ubicación histórica exacta, sin embargo, se presenta situaciones campesinas, y que actualmente se siguen viendo con mucha frecuencia hasta el nuestras capitales.

7-      Ambiente físico y sicológico:

El cuento se desarrolla en un ambiente marcado por la pobreza y la miseria de una comarca campesina, caracterizada por la sequedad de la tierra. Pero a pesar de todas estas precariedades, la gente vivía allí. Tal vez por estas miserias los hombres se tornan violentos, especialmente contra sus mujeres. La miseria no lo dejaba pensar más que en trabajar lo más que se podía la tierra para tratar de sobrevivir. Los personajes de esta narración se muestran adaptados y con cierto conformismo en medio de sus precariedades.

8-      Estructura de la trama.

El cuento presenta un orden en la narración no lineal.

9-      Modo de expresión:

Prosa narrativa.

10- Tipo de narrador:

El punto de vista del narrador es tercera persona omnisciente.

11- Tipo de lengua.

El tipo de lengua es activo, con expresiones con expresiones utilizando recursos literarios.

12- Nivel de lengua.

El nivel de lengua empleado por el autor es sociocultural.

13-  Géneros literarios

Épico-narrativo.

14- Figuras literarias.

Entre los recursos estilísticos empleados por el autor están: descripción, metáforas, reduplicación, hipérbole.

·         Metáfora: "la carretera está muerta, nada ni nadie la resucitará", "el niño era de bronce". 

·         Hipérbole: "larga, infinitamente larga la carretera".

·         Reduplicación: "candente al rojo, un rojo que se hizo…", "¡Hija de mala madre! ¡Hija de mala madre!"

·         Descripción: "…a los lados hay arbustos espinosos…pero las planicies están peladas". "Pajonales a distancia y aves rapaces, cactos".

·         Comparación: "La mujer se veía, primero, como un punto negro, después, como una piedra…"

·         Entre otras.

15-  Valores positivos y negativos contenidos en el texto

En este cuento de Juan Bosch saltan a la vista dos valores principales: la caridad del ser humano, que se identifica con el dolor del otro, al extremo de exponer su propia vida. Se presentan, además, algunos antivalores como ingratitud de la mujer para con quien la está defendiendo de la violencia de su marido.

También se manifiesta la insensibilidad y la falta de consciencia del marido de la mujer, quien arremete contra la misma sin antes averiguar lo que ha sucedido. Hay otros valores negativos como la agresividad, la indolencia de la mujer, la desesperación del niño, entre otros.

16- Vocabulario

CACTUS: especie de arbusto espinoso, propio de terrenos áridos.

CRISPADA: temblorosa.

ENGARFIADO: que tiene forma de garfio, que es un gancho para asir algo.

ESTOPA: especie de hierba que arde con facilidad.

FAUCES: bocas, tragaderos.

FRENETICO: lleno de ira.

PUGNANDO: actitud beligerante por hacer algo.

17- Opinión crítica

La mujer es una obra de un gran contenido social, porque retrata una situación de la miseria propia de las regiones más pobres de nuestro país.

Puedo opinar que los valores que más resaltan en este cuento de Juan Bosch están la fidelidad incondicional de la mujer a su marido, que a pesar del maltrato, lo defiende. Otro valor es el sacrificio de lo que es capaz esta mujer, que además de la miseria, soportaba la violencia de su marido. Como valor negativo está la ingratitud de parte de la mujer, pues arremete contra Quico, quien la defendía para que su marido no la matara. En cuanto a la validez del mensaje, es importante este drama para despertar consciencia en nuestras comunidades que hoy están azotadas por la violencia intrafamiliar. La similitud con relación a nuestra realidad social, se presenta esta situación hoy con tanta frecuencia que es alarmante la violencia que se ejerce contra la mujer especialmente, donde muchas caen asesinadas por su marido, ocurriendo esto a nivel nacional y en todos los niveles de la sociedad, especialmente en los más deprimidos económicamente.

En lo internacional ocurre también en los países latinoamericanos caracterizados por el subdesarrollo y la miseria arrastrada desde siglos.

En lo personal me ha tocado ser testigo en algunos casos de violencia doméstica, pero gracias a Dios no he tenido ni quiero tener la experiencia de vivir situaciones parecidas.

18- Bibliografía

·         Bosch, Juan.  La Mujer (de la obra "Cuentos escritos en el exilio").  1ra. edición 1974.  Editorial Alfa y Omega.  Santo Domingo, Rep. Dominicana.

·         Diccionario Espasa.  Tomo V.  Editorial Zamora.  1999.  Barcelona, España.

·         http://www.biografiasyvidas.com/biografia/b/bosch_juan.htm