Tiempo de eternidad
La tarde no se nombra
sino en mi voz y tu sombra.
El tiempo depende, amado,
de estar juntos por saberte hallado.
No cuenta la muerte ni el arrullo
porque aún no somos fruto ni capullo.
La soledad se vierte cuando pienso
que seremos dos para el silencio.
La dulzura en tu límite de miel
dice cañas de azúcar en mi piel.
Y solo será la tarde, el tiempo y la verdad,
cuando te pongas de pie sobre mi soledad.
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Ausencia
Se ha ido
mi grito
para el infinito.
Atado desnudo
su cuerpo ondulaba
frágil
ágil
plúmulo
trémulo
lúcido
translúcido
blanco
sobre blanco.
Se ha ido mi grito
para el infinito.
Estaba orientado
su cuerpo frustrado
al norte de ti.
Se ha ido
mi grito.
¿Está subterráneo
dorando metales
o haciendo los sueños
por entre los párpados?
Se ha ido
mi grito
y ahora lo veo
colgando del viento
como un niño pequeño
que hubiesen ahorcado.
Emilia Ayarza de Herrera, fue una escritora y columnista colombiana, destacada por su poesía y enfoque a la equidad social y la culturización de las mujeres.
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