jueves, 13 de agosto de 2026

Manizales tiene Plaza de Mercado para mucho tiempo. Por el escritor manizaleño John Hoyos

 

Un ingeniero estructural (sin diploma) en la galería

 

La plaza de mercado es mi patio de recreo, mi hábitat natural, mi restaurante y muchas cosas más.  Conozco sus recovecos, sus callejones, sus antros tenebrosos y ninguno de sus lugares me es extraño.

Me son familiares los rostros del vendedor de tinto, de la verdulera, la meretriz, el reciclador, el travesti, el jíbaro y detecto a metros las personas que llegan de otra parte.

Para mí es música el pregón del "mango dulce abonado con azúcar y fumigado con miel de abejas", la canción de la piña a tres por cinco mil, la yuca como la nieve y la papa de Murillo.

Me asombra la estructura circular del pabellón de las carnes, el infinito surtido de cachivaches del Cambalache y el aroma de las ramas del puesto de La Mona.

Debido al aciago terremoto decidí hacer una inspección con ojos de ingeniero estructural.

Recorrí los tres pabellones y el domo de los    carniceros. Quedé abismado: ni una sola grieta en las columnas. Parecen el culito de un recién nacido. Nada de fachadas desmoronadas, como si el terremoto no tuviera nada que ver con ellas. Que elegancia de ingeniería, no le envidian nada a las construcciones modernas y eso que ya casi cumplen cien años.

Manizales tiene Plaza de Mercado para mucho tiempo.

Jhon Hoyos

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