jueves, 13 de agosto de 2026

ECOS DEL TERREMOTO, por William Giraldo Giraldo

 

ECOS DEL TERREMOTO

 

Enfrentado a la muerte, iba a decir adiós,

pero una fuerza superior en mi garganta

ahogó tan funesta expresión

que reemplacé por esta suplica:

 

“Señor, aléjame de tan duro momento

que me muestra una inmensa realidad

infinitamente superior a mis fuerzas”.

 

Hoy, impotente, creí que la vida se me iba,

sin que para retenerla nada pudiera hacer.

 

De todos modos, le di gracias a Dios

por sentir que moriría solo, lejos de mis seres queridos

con cuyo recuerdo en la otra vida me cobijaría.

 

Luego de una forzosa pausa,

me veo y me toco

y siento que la vida se quedó conmigo

por una razón ajena a mí.

 

A lo mejor es un mensaje del ser supremo

que me da una oportunidad más

para justificar mi existencia

en medio de amores posibles

y de una solidaridad bien entendida.

 

De mi alma surge un clamor que dice:

 

“Bienvenida una vida que por ahora me permite

ganarle la pelea a la muerte que me rodeó con afán”.

 

 

William Giraldo Giraldo

Manizales, agosto 9 de 2026

 

 

     

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