ECOS DEL TERREMOTO
Enfrentado a
la muerte, iba a decir adiós,
pero una
fuerza superior en mi garganta
ahogó tan
funesta expresión
que reemplacé
por esta suplica:
“Señor,
aléjame de tan duro momento
que me muestra
una inmensa realidad
infinitamente
superior a mis fuerzas”.
Hoy, impotente,
creí que la vida se me iba,
sin que para
retenerla nada pudiera hacer.
De todos
modos, le di gracias a Dios
por sentir que
moriría solo, lejos de mis seres queridos
con cuyo
recuerdo en la otra vida me cobijaría.
Luego de una
forzosa pausa,
me veo y me
toco
y siento que
la vida se quedó conmigo
por una razón
ajena a mí.
A lo mejor es
un mensaje del ser supremo
que me da una
oportunidad más
para
justificar mi existencia
en medio de
amores posibles
y de una
solidaridad bien entendida.
De mi alma surge
un clamor que dice:
“Bienvenida
una vida que por ahora me permite
ganarle la
pelea a la muerte que me rodeó con afán”.
William Giraldo Giraldo
Manizales, agosto 9 de 2026
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