Casas vacías. Brenda Navarro
Reseña crítica
colectiva
“Lectura Crítica para la Escritura Creativa”
Programa Universidad Intergeneracional de la Universidad de Caldas
La ausencia también habita.
No toda maternidad es refugio; a veces es herida.
No nos enseñaron a amar y menos a sobrevivir al
vacío.
Te
imaginas todo menos que un día vas a despertar con la pesadez de un
desaparecido. Qué es un desaparecido? Es un fantasma que te persigue como si
fuera parte de una esquizofrenia.
1. Sobre la autora
Brenda Navarro (Ciudad de
México, 1982) es socióloga y economista feminista por la UNAM, con estudios de
posgrado en Género, Mujeres y Ciudadanía. Su trayectoria destaca por su trabajo
en ONGs de derechos humanos y como fundadora del proyecto editorial #EnjambreLiterario,
que promueve obras escritas por mujeres. Considerada una revelación en las
letras mexicanas, ha publicado Casas vacías (2020) y Ceniza en la boca (2022),
dos novelas donde “sus personajes, azotados por embates y pérdidas, resisten
como en la vida”. Es redactora, guionista, reportera y editora. Entre los
galardones que han merecido sus novelas destacan el XLII Premio Tigre Juan y el
Premio Cálamo.
2. Sobre la obra
Publicada
originalmente en 2018 y por la editorial Sexto Piso en 2020, Casas vacías irrumpe en
la narrativa contemporánea con una trama devastadora: el rapto de un niño con autismo en un
parque. La novela entrelaza dos historias paralelas que exploran la vida de dos
familias disfuncionales de estratos socioeconómicos opuestos, unidas por la
desaparición y la apropiación de un mismo hijo, Daniel/Leonel.
En
palabras del escritor Yuri Herrera: “Casas vacías es una novela que irrumpe en
el cerebro de los lectores para decir: aún no has visto nada. Brenda Navarro ha
escrito un estudio del dolor como quien sabe que detrás de cada afecto hay un
demonio escondido. Entrar en este libro es la clase de riesgo que se debe tomar
en una época en la que no hay lugar para la tibieza”.
3. Resumen de la obra
La trama
de Casas vacías se desencadena con un suceso devastador: la desaparición
de Daniel, un niño de tres años con autismo, en un parque de la Ciudad de
México. El rapto ocurre en un breve instante de descuido de su madre biológica,
quien se distrae revisando mensajes en su celular sobre un amante llamado
Vladimir. A partir de este punto, la novela se bifurca en dos narrativas
paralelas que exploran las consecuencias del acto desde polos opuestos.
Por un
lado, seguimos el descenso psicológico de la madre biológica, una mujer
de clase acomodada que nunca deseó plenamente la maternidad y que ahora se ve
consumida por la culpa, el juicio social y el vacío que deja la ausencia. Su
entorno se complica por la tensa relación con su esposo, Fran, y la presencia
de Nagore, una sobrina huérfana a la que se ve obligada a cuidar, pero con
quien no logra establecer un vínculo afectivo.
Por otro
lado, conocemos a la mujer que secuestra al niño, a quien renombra como Leonel.
Motivada por una búsqueda obsesiva de la maternidad y marcada por una vida de
precariedad, violencia estructural y el abandono de su pareja, Rafael, ella
intenta "reparar" su historia personal a través de este hijo ajeno. A
medida que avanza el relato, se evidencia que ninguna de las dos mujeres
encuentra la paz: la primera habita el fantasma del desaparecido y la segunda
vive en una distorsión moral donde el cuidado se confunde con el despojo.
La
historia concluye sin certezas sobre el destino final del niño, dejando a los
personajes sumergidos en una incertidumbre permanente.
4. El engranaje técnico
Ejes temáticos y conflictos
La obra se aleja de los convencionalismos de "madre buena" o
"mujer mala" para profundizar en:
- La
maternidad no idealizada: Se rompe con la idea
romántica del instinto maternal, presentándolo como una imposición social
o un lastre.
- La
culpa: Un estado permanente que define la identidad
de ambas mujeres; la biológica por el "descuido" y la captora
por el acto mismo.
- Desigualdad
y violencia: La novela denuncia la
violencia estructural, el machismo y cómo la clase social condiciona la
experiencia del dolor y la invisibilidad.
- El
vacío: El título simboliza la fractura interna y la
pérdida de identidad. Sin el hijo, las protagonistas se quedan sin un
lugar claro en el mundo.
Personajes
Los personajes son "redondos" y carecen de nombre propio, lo
que acentúa la pérdida de individualidad.
· La madre de Daniel (Narradora 1): Mujer acomodada, reflexiva y llena de contradicciones, que nunca quiso
ser madre y vive el cuidado como una condena.
· La madre de Leonel (Narradora 2): Proveniente de un entorno precario, su obsesión por la maternidad la
lleva al secuestro como forma de "reparar" su propia vida marcada por
la violencia.
· Daniel/Leonel: El eje central, cuya desaparición desencadena el descenso psicológico
de ambas familias.
· Fran y Rafael: Representan figuras masculinas distantes o violentas que perpetúan la
soledad de las mujeres.
· Nagore: La sobrina adoptiva que encarna el rechazo y la búsqueda de afecto en
un hogar ya fracturado
· Amara: Cuñada de la primera narradora, personaje secundario mencionado en
relación con la violencia.
· Otras madres y figuras familiares: La narrativa incluye a madres de desaparecidos, suegras y abuelas,
formando una red de dolor y complicidad en contextos de violencia.
Universo
simbólico
- La
casa vacía: Representa el encierro y la desolación
afectiva; cuerpos que solo sirven para albergar vida o muerte.
- El
parque: El lugar de la ruptura entre lo cotidiano y
lo trágico.
- El
niño: Símbolo de pertenencia y sentido, cuya
ausencia se vuelve un fantasma
Voces y lenguaje
·
La narración se construye a través de dos monólogos en primera
persona. El lenguaje es crudo,
directo y a veces "vulgar", diferenciando los contextos culturales y económicos de ambas
mujeres.
La obra maneja frases claves, ideas que se repiten
constantemente:
·
Fue un segundo, idea que atraviesa la voz de la madre, aquí no
se refiere a un espacio de tiempo real, es un bucle mental, una escena
congelada, un punto cero en la existencia. Si fue solo un segundo, entonces sí
pudo evitarse, entonces “yo fallé”.
·
Yo lo dejé, no importa si fue así o no, pero ella así lo cree.
La culpa sustituye al amor como vínculo, es una forma de mantener al hijo
presente: si soy culpable, sigo conectada con él.
·
Está mejor conmigo, (voz de la secuestradora), es una de las
frases más inquietantes de la novela, no es una mentira simple, es una
reconstrucción moral completa, la mujer no puede vivir como “la que destruyó a
otra”, reescribe el acto como cuidado, hace daño y lo redefine como bien.
Ritmo y estructura
·
Es una narrativa no lineal, fragmentada y vertiginosa. La autora utiliza recursos
como anáforas y epanalepsis para dar énfasis a la obsesión y el dolor.
Tono
·
Asfixiante, íntimo y melancólico. Provoca una incomodidad
necesaria en el lector.
Intertextualidad
·
La obra dialoga con la realidad histórica (el
asesinato de Miguel Ángel Blanco en España o las fosas comunes en Tamaulipas) y
con escritoras que cuestionan los roles de género como Doris Lessing, Elena
Ferrante, Guadalupe Nettel y la poeta Wislawa Szymborska.
5.Tipo de lectores a quienes va dirigida la obra
·
Va dirigido a
cualquier tipo de persona, especialmente a las interesadas en conflictos sobre
la maternidad y las desapariciones
- Interesado en temas
sociales y de género
- Lectores de
narrativa contemporánea latinoamericana
- Lector que valora la
voz y la estructura
- Lectores de clubes,
talleres o espacios de discusión
6. Aprendizajes
De este texto se aprende:
·
Que la
incomodidad construye valor literario.
·
Que el dolor
puede ser el hilo conductor para nombrar lo que normalmente se silencia.
·
A contar desde la subjetividad.
·
A ver el lenguaje como herramienta de poder.
6. Muro de
comentarios
“¿Qué es un desaparecido? Es un fantasma que te persigue como si
fuera parte de una esquizofrenia”.
“Daniel se convertía en el carroñero que nos devoraba el
tiempo”.
“No se puede ser humano si otro organismo te succiona la
vitalidad”.
“¿Por qué lloramos cuando acabamos de nacer? Porque no debimos
haber venido a este mundo”.
“Ser las casas vacías para albergar la vida o la muerte, pero,
al fin y al cabo, vacías”.
“Descubrí pronto que Daniel no quería habitar mi cuerpo.” (Pág.
49)
“¿Cómo morir si Daniel te exige seguir viva por si alguna vez
regresa” (Pág. 100)
¿Y quién regresa si no el que nunca se ha ido? (Pág. 110)
“La desaparición de un
hijo es una locura permanente”
“No merezco respirar, respiro, ¡mi condena es respirar!
“Duele vivir después de la desaparición de un hijo”
“Esa era yo cuando perdí a mi hijo, la que de vez
en cuando, entre un conjunto de semanas y otras, se despedía de un amante
esquivo que le ofrecía gangas sexuales como si fueran regalos porque él
necesitaba aligerar su marcha. La compradora estafada. La estafa de madre. La
que no vio”. (Pg.12)
“¡Qué alguien haya muerto por favor para no
sentir este vacío! Y ante el eco silente, me contestaba que los dos: Daniel y
Vladimir. Los perdí al mismo tiempo y los dos, en algún lugar del mundo, sin
mí, seguían vivos”. (Pg. 13)
“Te imaginas todo menos que un día vas a
despertar con la pesadez de un desaparecido. ¿Qué es un desaparecido? Es un
fantasma que te persigue como si fuera parte de una esquizofrenia”. (Pg. 13)
“¿Qué clase de bondad hay en quien exige amor
dando amor? Ninguna”. (Pg. 16)
“Y Daniel lloraba como el hombre que sabía que
podía comer, dormir y llorar a la hora que se le antojara porque nosotras,
aunque cansadas y somnolientas, estaríamos a sus pies. Finalmente, la realidad
fue que Daniel se convertía en el carroñero que nos devoraba el tiempo y nos
dejaba sudar la putrefacción que emana cuando lo humano se evapora ante el
cansancio y luego, otra vez, nos volvía a comer”. (Pg.45)
“Yo luchaba con mi propio infierno, pueril, soso,
vano pero mi infierno. No se puede ser humano si otro organismo te succiona la
vitalidad. Tampoco se puede ser humano si cargas los fantasmas que no te
corresponden, se llama individualidad”. (Pg. 48)
“Regresamos a casa con un andar que no hacía eco
en la calle entre la casa blanca y la tienda de los chinos, la madre de Fran
apenas y era una sombra lerda que se arrastraba por el piso y yo, años después
lo supe, era su reflejo”. (Pg. 49)
“Todos, todos incluidos, parloteaban y se oían a
sí mismos mientras nosotras mirábamos confundidas e impávidas, porque eso era
lo que había que hacer: ser las casas vacías para albergar la vida o la muerte,
pero, al fin y al cabo, vacías”. (Pg. 539)
“¿Por qué lloramos cuando acabamos de nacer?
Porque no debimos haber venido a este mundo”. (Pg.74)
“Los desaparecidos son fosas comunes que se nos
abren por dentro y quienes las sufrimos lo único que ansiamos es poder
enterrarles ya. Dejar de desmembrarnos tendón por tendón, hilo de sangre por
hilos de hiel, porque incluso para cada gota es un calvario caer”. (pg.77)
“Quise ser de esas madres que con los pies
pesados surcan caminos”. (Pg 21)
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