jueves, 22 de agosto de 2019

COMETA. Rosa Elena Grueso Vanegas


Del libro Recuerdos de infancia,

premio Gobierno de Caldas 2019


COMETA

La cometa está en lo alto
con su cola de colores,
bajo el cielo despejado
solo el aire la sostiene.

La mano de algún niño
suelta el hijo o lo recoge,
su mirada sigue atenta
su cometa entre las otras.

A lo alto de la loma
van llegando con cometas
los pequeños y los grandes
atraídos por el viento.

Es agosto, las cometas
se recrean con el viento.

Rosa Elena Grueso Vanegas


martes, 20 de agosto de 2019

Poetas en XII Festival internacional de Manizales

Agosto 20 de 2019
Manizales estuvo de gala la semana pasada con festival internacional de poesía, feria del libro y festival de cine. Comparto algunos poemas de los poetas que nos visitaron en el festival de poesía:


1. De SONIA SOLARTE OREJUELA:

TUYA ES TU VOZ

"Abandonar el espacio de lo indiscernible ..."
Guadalupe Santa Cruz, "Diva, Divina, Dividida "

Desamarra los nudos de la garganta
rompe con tus manos y palabras
el decorado del encierro
los trajes de la sumisión y la obediencia inerte
Borra el diseño de la arquitectura descarnada
donde encerraste a tu niña
para que no cantara

Abandona el espacio de lo indiscernible
donde se maquinan los letargos
y abisman temores el aliento
de tus certezas mas intimas

Comprende de qué se trata
tanto desborde de prohibiciones
en los roles asignados y asumidos
para que veas natural ser un objeto
Recuerda que los objetos no demandan
no tienen conciencia propia
ni se mueven por sí mismos

Sin apelar al sacrificio
recobra la fuerza de tus impulsos
desaloja las crispaciones angustiosas
que te condenan a mirar detrás de un velo
y a no ver nada

No esperes la aprobación
de un cuerpo social descarnado y violento
con expresiones extremas de "cordura"
expuesto a la locura cotidiana del "buen sentir"
que viola y maltrata tu cuerpo de mujer
como símbolo de su poder

Desde tus profundidades interiores
bien parada sobre el espinoso suelo
de la realidad
destierra de las raíces de tu memoria
los secretos acumulados
por decenas de generaciones avasalladas

Acoge tus nuevos brotes
prueba tus frutos
Toma posesión completa
de ti misma: Es tuya tu voz
tuyos tus cantos
y tu grito.



2. De MARGA LÓPEZ DÍAZ  (Del libro “SULABENA”):


M I     A N T Í N O O

A la espalda el tatuaje del dios maya.
La espiral en serpiente se repuja,
le ondula el poro como cobra naya
solo con mi mirada se arrebuja.

Desnudo en la ventana se atalaya
se yergue de David, me somormuja
me anida en agua lluvia, me avasalla
y en un silencio austero me acartuja.

Vino de villa en Roma nuestro lecho,
Sala de Siete Sabios en la fuente.
Aún la cicatriz guarda en el pecho,

herida callejera en el muriente
gemido del cuchillo y al acecho,
la muerte acampa fiel… e indiferente.
2016





3. De JUANA MARÍA ECHEVERRI, del libro “Colombia, tierra de luz” –de Santiago Escobar-Jaramillo-:

FLORACIÓN DE AMANECERES

Lo oscuro…
ahogo adentro tierra
ecos de cantos desgarrados, sin alas,
se precipitan…
Tiempos indecibles

Recuerdas hermano… hermana
Naranjal
en círculos de fuego
poesía y luz…
Evocación

Instante de suma ausencia-presencia
silueta proyectada por el rayo
en el humo de la hoguera…
Memoria

Indígena, negra, mestiza, campesina…
Colombia fértil de suelos callosos,
meandros femeninos…
ascenso, germinación de seres…
Colombia madre

Trenzas de manos, texturas agua-tierra
sostienen raíces de todas las Colombias
entonan mitos, lenguas, alabaos
afloran culturas, relieves…
Perdón

Colombia de saberes maduros
frutecen  semillas, esperanzas,
zumo de lo simple
profundos
Territorios tornasol

Nombres perdidos en la guerra
regresan en lenguas de paz
imágenes, grafías, hebras
brillan, tejen
Hermandad

Mujeres y hombres sobrevivientes
alumbrados los rostros
ocurre la ofrenda…
Reparación:

Colombia tierra de Luz



4. De Gloria María Medina Jiménez (Del libro “Bajo el cielo del Cumanday”):


ESTA CAJA DE RECUERDOS

Esta caja que llevo dentro,
instalada en las cámaras del alma
no se parece a ninguna.

Es triangular y de madera,
con un velo que engendra la memoria.
La guardo cerca del corazón,
lleva los recuerdos más antiguos,
antes de mi yo.
Sueños de mi padre y de mi madre,
de las abuelas que nunca conocí.
Cerrada
protege mis tesoros
su llave es dorada
y a veces olvido dónde la guardo
o al menos juego a olvidar sus fantasmas.
Hay quienes saben abrirla
con un movimiento de sus dedos brujos.
Otros han intentado con cantos de guerra
o sortilegios envueltos en ropajes falsos
de místicos o sabios.
También han llegado descifradores de códigos
que la abren con solo musitar un conjuro.
Una borrasca desparramó su contenido por el piso
y fue labor de aguja reacomodar las rayas del tiempo
y juntar los trozos de lo averiado.

Hoy, hago y deshago mis caminos con la caja abierta
con su luz de ventana que espera
de tibia gruta donde arde mi fuego en mitad del ocaso.

Alguien se acerca, la recoge,
la limpia y acomoda.
Me la entrega.
La llevo de nuevo a mi punto solar
cierro los ojos y escucho la voz definitiva.



5. De Juan Carlos Acevedo Ramos (Del libro “Los huéspedes secretos”):

SOLILOQUIO EN EL ZAGUÁN

Escuchas tocar la puerta. Afuera no hay luz. 
Has estropeado en blanco tantos azules. 
Tu sonrisa es un febrero de viento y sol 
son tus lágrimas un puerto seguro para tu voz. 
Respiras temblores
mientras bocanadas de palabras
te hinchan los pulmones.
De nuevo la puerta, tras ella la oscuridad. 
Conoces la sed de un lunes arenoso
igual el café frío de los martes. 
Te preguntas: ¿quién golpea?
Repites cada sonido en la memoria, 
piensas en la oscuridad,
y quieres suponer
que si existiera luz alguna
tocaría tu puerta. 
(Como si la luz tuviera la manía 
de llamar en cada casa).
Regresas al silencio de la almohada
y aceptas los años acumulados bajo la cama
… esos golpes los conoces: 
La soledad vuelve. 
Tú nunca partiste.


6. De William Ospina:

TIEMPO

Aún hay hojas en blanco en los viejos cuadernos,
Pon una luna nueva en tus años en ruinas,
Linternas del futuro desbaratan las causas,
Dejan mensajes últimos en las grietas del cielo.
Es verdad que el delirio va gastando sus mieles,
Que a veces la bandera traiciona más que el hombre,
Pero seamos sinceros, la noche azota el yunque,
No hay quién convenza al río con cuentos de nostalgia.
Pero no escuches más al sabio consejero,
Sólo el futuro tiene la clave de tu origen,
Hay un primer relámpago que gira en el cardumen,
Ala que se respete quiere romper el cielo.





domingo, 9 de junio de 2019

Para recordar a Pessoa:
Cuando ella pasa
Sentado junto a la ventana,
A través de los cristales, empañados por la nieve,
Veo su adorable imagen, la de ella, mientras
Pasa… pasa… pasa de largo…
Sobre mí, la aflicción ha arrojado su velo:-
Una criatura menos en este mundo
Y un ángel más en el cielo.
Sentado junto a la Ventana,
A través de los cristales, empañados por la nieve,
Pienso que Veo su imagen, la de ella,
Que no pasa ahora que no pasa de largo

No quiero rosas, con tal que haya rosas
No quiero rosas, con tal que haya rosas.
Las quiero sólo cuando no las pueda haber.
¿Qué voy a hacer con las cosas
que cualquier mano puede coger?
No quiero la noche sino cuando la aurora
la hizo diluirse en oro y azul.
Lo que mi alma ignora
eso es lo que quiero poseer.
¿Para qué?… Si lo supiese, no haría
versos para decir que aún no lo sé.
Tengo el alma pobre y fría
Ah, ¿con qué limosna la calentaré?

sábado, 20 de abril de 2019

De la publicación Antología de feria 2019, Manizales Poética de "Esquinita del arte":

                   ÁSTRID ARBOLEDA

Desierto

Deambulo de aldea en aldea
las hallo desérticas.
Busco calmar la sed
que me dejaron
tus ardientes besos.


Fumarola

Como inmemorial
brota el trigo
desde su simiente
ella emerge
profundamente clara
transparente
profundamente espesa
densa.

¡Huélela!
¡Abrázala!
¡Ámala!

Es la misma
Si
La tuya
que observas siempre
desde el primer
albor del día
Es vida.
  

Tibieza

Me miro… 
el cuerpo asiente.

Miro atrás
no sé cuántas auroras
-no interesa el tiempo, es la nada-
contigo he compartido mi desnudez.

Mi espíritu de fuego
acoge la tuya
que danza
entre tulipanes.

Tu desnudez…
la mía…
¡Tibieza de pieles!

Danza de armonía
fuego sagrado.








viernes, 19 de abril de 2019

La lectura del libro Los dormidos y los muertos, de Gustavo López, me remite al maravilloso poeta de todos los tiempos Paul Whitman, y su poema:

“De la terrible duda de las apariencias” 

“De la terrible duda de las apariencias,
De la incertidumbre, finalmente, de haber sido engañados,
De que la posible confianza y la esperanza, no sean al fin, más que especulaciones
De que la posible identidad, más allá de la tumba, sea una bella fábula solamente,
Posibles las cosas que percibo, animales, plantas, hombres, colinas, aguas que fluyen brillantes,
Los cielos del día y de la noche, colores, densidades, formas, tal vez todo sea
(tan dudosos como son) sólo apariencias.
Lo real aún debe conocerse,
(¡Cuántas veces estas cosas se salen de sí mismas como para confundirse y burlarse de mí!
¡Cuántas veces pienso que ni yo ni hombre alguno sabemos nada de ellas!),
Tal vez aparenten ante mí lo que son (es indudable que sólo parecen) de acuerdo con mi actual punto de vista,
y tal vez demuestren ser (y así lo harán) nada de lo que aparentan, o nada en absoluto, desde otros puntos de vista completamente distintos;
Para mí estas cosas y otras semejantes encuentran respuesta en mis amantes, queridos amigos,
Cuando aquel a quien amo viaja conmigo o se sienta largo rato conmigo, asiéndome la mano,
Cuando el aire sutil, lo impalpable, el sentimiento de que las palabras y la razón no se sostienen, nos rodean y penetran,
Entonces me siento cargado de inexpresada e inexpresable sabiduría, quedo en silencio, no requiero nada más,
No puedo responder a la cuestión de las apariencias o de la identidad más allá de la tumba,
Sino que camino o estoy quieto, indiferente, satisfecho.
El que ase mi mano me ha satisfecho por completo.”

martes, 26 de febrero de 2019

Estamos cumpliendo  ocho años en nuestro cine-club Salamandra:

http://salamandracineclub.blogspot.com


martes, 26 de febrero de 2019

OCHO AÑOS CON NUESTRO CINE CLUB


Iniciamos el año recordando nuestro octavo aniversario, una celebración que debe quedar grabada en este blog y en la memoria de cada una de nosotras. Vale la pena mencionar los nombres de quienes somos parte de este grupo y por qué no, anexar una fotografía que hable de la calidez de nuestras tardes acompañadas de una buena película. En esta ocasión, despedíamos el año 2018.

Aleyda Mejía, María Eugenia Arango, Olga Lucía Jaramillo, Maria Helena García, María Elena Londoño.
En la parte superior, Lilia Valencia, Olga Lucía Ocampo y Aída Salazar. Ausente, Gloria Cardona. 
Nos sentimos orgullosas de nuestra constancia semanal y del gusto que hemos desarrollado por este arte mágico. Ver cine, disfrutarlo y enriquecerlo con nuestros comentarios y la visión de otros permite ampliar nuestras reflexiones para establecer una comunicación más cercana con quienes gustan de él. Así, este espacio será siempre el resultado final de cada encuentro con esa “linterna mágica que proyecta ante nuestros ojos todos los mundos reales e imaginarios para enriquecer sin límite nuestra mente”.
Publicado por 

QUIÉNES SOMOS

CINE CLUB SALAMANDRA

Somos un grupo de mujeres, deseosas de ocupar nuestro tiempo libre en una actividad que nos enriquezca intelectualmente y nos brinde un espacio de encuentro con la vida. Y lo hemos hallado a través de un arte como el cine que nos permitió crear este grupo que ya cumplió siete años.

Iniciamos el CINE CLUB SALAMANDRA en el año 2011 con Juana María Echeverri y Rodrigo Rojas como orientadores y Olga Lucía Jaramillo como gestora cultural de este proyecto. Aída Salazar, Aleyda Mejía, Gloria Cardona, Lilia Valencia, Liliana Robledo, María Eugenia Arango y Pamela Escobar fuimos las acompañantes iniciales. Hoy contamos con la presencia de María Helena García, María Elena Londoño y Olga Lucía Ocampo, y extrañamos a nuestros orientadores iniciales. 

Este medio nos permite publicar los comentarios que hacemos sobre las películas que disfrutamos los días jueves. Invitamos a nuestros lectores a añadir sus apreciaciones sobre lo aquí consignado y si es del caso, hacer una crítica a nuestro trabajo.

viernes, 18 de enero de 2019

Un escrito de Pablo Arango Tobón que me encantó:

Una absurda constelación

Era navidad, el vehículo pasó rápido por la calzada, no hubo tiempo de verlo, tampoco importaba, solo sentimos el ruido de su motor seguido de la aparición de una paloma que se nos venía encima intentando escapar del atropello. Atrás, en medio de los carros que seguían pasando, quedó un remolino de plumas blancas y grises, algunas, los plumones, se fueron levantando y comenzaron a viajar ayudados por pequeños remolinos de viento, las más pesadas quedaron sobre el pavimento y fueron pisadas por las llantas de otros carros.

La paloma alcanzó a alzar vuelo a pesar de la pérdida de sus plumas rectrices, se elevó con esfuerzo hasta la cornisa del edificio más próximo. Supongo que habrá sobrevivido así mutilada; desde el saliente al que llegó habrá recuperado el aliento y olvidado el susto; unas horas después al tener hambre habrá regresado a la misma calle para recoger algún trozo de comida arrojado por un transeúnte. 

Unos meses antes, un domingo en la mañana, vi a un mendigo en el parque Caldas, en medio de niños que intentaban patear balones y arrastrar carritos de juguete.  Decenas de vendedores y transeúntes pasaban por el sitio o daban vueltas con sus ventas. En medio de aquel bullicio era imposible la más mínima concentración, ni siquiera los feligreses que asistían a misa desde el atrio de la iglesia estaban concentrados –tal vez ellos menos aún–. El único hombre abstraído era el mendigo, parecía estar en otra dimensión, imperturbable miraba a las palomas que picoteaban entre las piernas de todos. Incluso reclamó airado a una mujer que se interpuso entre él y los pájaros, ella lo miró aterrada y se hizo a un lado. Unos minutos después el hombre abrió una bolsa de plástico y de ella fue sacando con su mano una especie de sopa espesa, amarilla y viscosa que extendió con cuidado sobre la acera. Siete palomas se acercaron de inmediato y la gente, con asco, les dejó un espacio que nadie más tenía en el parque. Luego se sentó junto a ellas y se dedicó a mirarlas comer. Cada tanto sacaba de la bolsa más sopa y la esparcía sobre la acera. La meticulosidad con que cumplía la tarea era equiparable al nivel de concentración que mantenía. Las palomas se le acercaban sin temor y él les hablaba en un susurro inaudible. Cuando terminó de alimentarlas se levantó y llevó los restos hasta el contenedor de basuras. Las palomas volaron dejando espacio a los niños que volvían a pasar arrastrando sus carritos, el hombre se perdió entre la gente. ¿Y si fuera Nikola Tesla –Gregor–, el célebre genio, protagonista deRelámpagos, la novela del francés Jean Echenoz? No cabe duda, debe serlo, no importa la aparente diferencia de tiempo y espacio, es el mismo personaje, ya me ha pasado antes con otros. Tesla tiene por estos seres salvajes, lúbricos, parásitos, leprosos del aire, una devoción misteriosa y especial, establece con ellos una relación de igual a igual, tal como si ellas, y nadie más, fueran su prójimo. Sabe él que algo aproxima además a las palomas al misterio de cualquier ciudad, una mezcla de lucidez y cochambre, de divinidad y asquerosa podredumbre. Una ciudad se parece, y Nikola lo sabe, a sus palomas, a “su mirada sorda, su absurdo picoteo, su occipucio descerebrado, su vergonzosa indecisión, su sexualidad desoladora”. Sí, la literatura y la vida son una sola cosa; vibran en la misma frecuencia.

Unos días después, Susana me envió al whatsapp una foto, tomada rápido, en una acera de Bogotá, acompañada de tres palabras: “un buen encuadre”, se trataba del cuerpo de una paloma estripada, solo colores: azul, blanco, gris, rojo, un rojo tiñendo ciertas plumas, el rosado de las patas. Un poema del argentino Eric Schierloh, que estaba leyendo justo cuando anunció el teléfono la llegada del mensaje, dice: “Una paloma muerta/ explotada en medio de la calle/ una paloma que abandonó el nido/ pisada por cientos de miles de toneladas/ de caucho del Brasil, de los automóviles/ cuyos modernos sistemas de posicionamiento global/ no detectan los pájaros muertos/ aplastados & explotados en medio de la calle/ rodeados de sus propias tripas como adornos navideños…” De nuevo la literatura anticipándose, o tal vez solo uniendo puntos aparentemente dispersos de la existencia, que al final seguro parecen, apenas, una absurda constelación que solo ve alguien crédulo y confiado.