LAS VENTANAS
Las ventanas son los espejuelos de las edificaciones,
chismosas ellas, miden el pulso diario de la ciudad.
Un hombre mira las montañas del poniente en la mañana,
ya no parecen una novia con su velo blanco para ir de boda.
Su vestido es cada día más corto,
él no sabe si es asunto de moda
o cuestión climática.
Las comadres son adictas a las ventanas,
por ellas se enteran de la historia del barrio:
la desgreñada colegial que llegará tarde a clase,
el jubilado que sale a comprar la leche y el periódico
y la señora del 501 que cumplirá su cita clandestina.
En las tardes, los enamorados se regocijan con los estallidos del solferino
escuchando un extraño ruido
como de una plancha cuando le caen gotas de agua.
Ellos no saben que es el astro rey bañándose en el océano Pacífico.
Yo, en las noches,
me paro frente a la ventana
y escribo tu nombre en el cristal
que, sin piedad,
lo borran las nubes del olvido.
John Hoyos.
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